14/09/2025
WALTER DE JESÚS GUILLÉN CASTILLO, A UN AÑO DE SU VIAJE AL INFRAMUNDO (1976-2024)
En 1989, operábamos "Práctica Profesional Docente intensiva" en la legendaria Escuela José Trinidad Cabañas, siendo estudiantes de la Escuela Normal Centro América, previo a la investidura con el honroso título de Maestro de Educación Primaria, responsabilidad que asumíamos con un enorme compromiso de buenas prácticas, entre ellas revisión y visto bueno de planificación de clases, soporte académico para ser cientista en la mediación pedagógica en el salón de clases, las actividades coprogramáticas eran asumidas con el mayor compromiso posible.
La celebración del Proyecto cívico fiestas patrias se había inaugurado, trasversal a todas las clases que correspondía a la malla curricular de ese entonces, era 15 de septiembre estábamos en la conmemoración del 168 aniversario de la ruptura formal con España, provocado por los criollos, cuando ya la Península Ibérica nos había enajenado culturalmente y el saqueo del mineral precioso había construido en Europa la acumulación originaria de capital por más de trecientos años.
Uno de los docentes referentes y más que todo un hito en Palo Pintado por su propia nomenclatura pedagógica muy particular y con una muy buena intención de formación ciudadana, el Profesor Leopoldo Zelaya Cerna, nos había encargado el pelotón de escolta de bandera. Aquel cuadro seleccionado ensayaba desde el 1 de septiembre vuelta, tras vuelta por la periferia del campo de fútbol frente al la escuela.
Uno de lo seleccionados por su estatura legada genéticamente de tío Belisario, tío Santiago Guillén era precisamente Walter de Jesús Guillén Castillo, apenas tenía trece años, un imberbe en transición a la adolescencia, quien había mostrado una impecable responsabilidad y compromiso al momento de los ensayos y era perfilado como líder de esa coyuntura, pues iba al frente con el Pabellón Nacional lazado como timonel del desfile con miras al 15 de septiembre.
A las cinco de la mañana, participamos en el izado del Pabellón Nacional, era el 15 de septiembre de 1989, nos aprestábamos a donde nos ubicaba el sistema formal de la educación, la conmemoración del día grande, donde el festejo, la interacción social, la percusión de los tambores nos hacen asimilar esa cultura sincrética de la independencia inmersa en el consumismo con una dosis de civismo. Todos los pelotones estaban listos a las siete de la mañana en formación en el campo de fútbol, sin embargo, el desfile no podía iniciar.
El profesor Leopoldo Zelaya y el profesor Rubén Darío Discua iban por ambas bandas, escudriñando las escuadras de pelotones, nosotros los practicantes de la Normal Centro América, entre ellos Chepe, Copaneco, Geovany, Lolo, Maritza, Gladis también asustados por la molestia evidente del director Rubén Darío Discua y la faz más de molestia del profesor Leopoldo Zelaya, buscábamos alrededor entres las personas a Walter.
Después de una hora de búsqueda y llegase una comisión enviados a donde la finada doña Petrona cuya respuesta fue, no está en su casa, decidimos, hacer la sustitución y saldar con el compromiso patriótico de aquel 15 de septiembre.
La pregunta de aquel momento fue:
¿En dónde andaba Walter de Jesús Guillen Castillo?
Que tan importante fue lo que obligó a dejar un mes de ensayo y asimilar con estoicismo lo que vendría al momento de afrontar al profesor Leopoldo Zelaya, una vez de nuevo en el aula de clases después de la acción irresponsable.
Más de algún lector sabrá descifrar cual fue la ruta que tomo Walter de Jesús Guillen Castillo ese día a sus trece años de edad.
Sin Embargo, aquel momento de molestia para nosotros como docentes y de satisfacción para Walter como adolescente, fue muy trascendental para los días restantes del mes de la patria para complementar el proyecto Cívico y hablar de la responsabilidad en los diferentes espacios de formación humana y académica que ofrecía la escuela José Trinidad Cabañas.
A un año de su partida es trascendente colocar en la mesa del reconocimiento, alta valoración y discusión sobre los valores versus antivalores que nutrieron la vida de Walter de Jesús en Palo Pintado, por sobrenombre "Perro de Agua" o aún mas popular "El Perro" de la cultura "pone apodos" en Palo Pintado, muy probablemente por sus características sobre la forma de su cabeza con la nutria, un mamífero silvestre que abundó en el Río Humuya, antes del impacto ambiental humano.
Walter de Jesús fue cuestionado, denunciado, criticado y hasta podría decir estigmatizado y aún así, no creo que haya habido un hogar de Palo pintado a quien no le hizo un favor cuando se le buscó o se le vio en un apuro de trabajo difícil que solo él se arriesgaba a hacer.
Su formación de hogar y la influencia de la educación formal hasta el sexto grado, más lo imponderable de la vida real de haber vivido las experiencias de FREJUMP entre ellas construcción de una cancha comunal, construcción de un parque, organización de ferias patronales, reconstrucción de templos católicos, ser el responsable de administrar la pólvora de la ferias patronal, la dialéctica futbolística lo hizo forjarse en el plano comunitario habiendo cultivado en él los valores del voluntariado.
Walter de Jesús fue empático, comprometido, leal, solidario, constructor del voluntariado y el enfoque existencialista argumenta que la imperfección es una condición inherente a la libertad humana.
Podemos concluir que una fuente cargada de valores prevalece ante los antivalores, más cuando se cultiva el bien común.
Poner en el escenario de vida su niñez, sus oportunidades su interacción social producto de su condición de vida hacen merecer y reconocer en Walter de Jesús Guillén un referente comunitario de Palo Pintado.
A un año de su partida, donde lo tenga el eterno padre, reconocemos tu obra comunitaria y entrega sin resarcimiento.