25/12/2025
En la Nochebuena de 1734, un misterioso fuego brotó del corazón del Alcázar de Madrid, el antiguo castillo medieval que la dinastía de los Austrias había reconvertido en palacio residencial. El incendio, según se sospecha, se originó en el aposento del pintor de Corte Jean Ranc . A pesar de los esfuerzos por apagar el fuego, que se extendió a lo largo de cuatro días, nada se pudo hacer por salvar el edificio, ni a la gran cantidad de obras de arte que allí perecieron, entre ellas varios cuadros de Diego Velázquez.
Todavía hoy el origen y las circunstancias del incendio siguen sin estar claros, más cuando era un lugar vigilado las 24 horas del día por ser la residencia de Felipe V y su familia. El detalle que alimenta las teorías conspiratorias es que sobre el solar calcinado el Monarca levantó el actual Palacio Real de Madrid, una construcción de corte francés que se acercaba más a sus preferencias arquitectónicas. La familia real no se encontraba en el Real Alcázar de Madrid en la Nochebuena de 1734, y tampoco la mayoría de los cortesanos. A las doce y cuarto de la noche, poco después del cambio de guardia, los soldados apreciaron llamaradas en la parte que cae a Poniente. Dieron rápidamente alerta para evacuar el edificio, mientras que los monjes del convento cercano de San Gil repicaron las campanas, pero el aviso fue ignorado durante un buen rato. Al oír las campanadas, método de aviso para la población en caso de incendio, la gente creyó que era la llamada para la Misa del Gallo.
Los cerrajeros reales actuaron con mucha cautela, ante el temor a que se produjeran saqueos, y solo permitieron acceder al interior a los cortesanos y a los religiosos. Cuando el fuego se extendió hacia el Salón Grande, donde cientos de cuadros cubrían las paredes, los improvisados bomberos arrancaron de sus marcos los lienzos situados en la parte baja, pues no contaban con escaleras a mano, y los arrojaron por las ventanas. ntre los cuadros salvados se encontraban « Las Meninas » de Velázquez , arrojado por una de las ventanas, y el retrato ecuestre de « Carlos V en Mühlberg » del pintor veneciano Tiziano, que quedó oscurecido por el humo en la zona inferior, donde los colores de la tierra y la hierba fueron reducidos a un ocre oscuro. Hoy se puede apreciar el cuadro de nuevo en todo su esplendor gracias a los recientes trabajos de limpieza.
Se estima que, pese a los esfuerzos, al menos 500 cuadros, algunos de grandes maestros de la pintura, perecieron en el incendio. El fuego también destruyó las piezas americanas que los conquistadores habían ido ofreciendo a los Reyes de España a lo largo de dos siglos. No en vano, el daño no fue mayor porque una parte de las colecciones pictóricas había sido trasladada previamente al Palacio del Buen Retiro, para preservarla de las mencionadas obras de reforma que Felipe V había iniciado.
A lo largo de cuatro días, el incendio fue consumiendo el palacio hasta solo dejar en pie un par de fachadas y la torre del Príncipe, la de Carlos I. Y aunque las joyas más emblemáticas de la Corona, como la Perla Peregrina y el diamante El Estanque, pudieron ser rescatadas, muchos objetos de plata y oro quedaron fundidos por el calor y los restos de metal tuvieron que recogerse en cubos. Sin olvidar la pérdida de los documentos pertenecientes al Archivo de las Indias, las Bulas pontificias y demás papeles del incipiente Estado, cuya importancia es inestimable a nivel histórico.