11/10/2024
Encontré el mi Edén
Se van a cumplir 4 años del giro más brusco en mi vida. Una curva cerrada, un cambio de rasante, una voltereta en un visto y no visto que sin esperarlo me llevó a caer de pie en El Palancar, en TraguntÍa. Más cerca de Portugal que de España, más lejos de Fuenlabrada de lo que hubiese deseado. Mil llantos regaron los prados de su campo, mil pesadillas acompañaron mis paseos por sus caminos, millones de miedos entre sus robles, dolía el alma y el dolor traspasaba mi columna que se resentía de tanto esfuerzo. Una mochila en la que llevaba recuerdos de toda una vida, añoranzas que punzaban mi corazón y heridas sangrantes que no parecían tener cura.
Me faltaba la vida, la familia, llamaba a gritos a mi padre, con él no me hubiese pasado esto. Angustiada por no tener a mis hijos cerca. Fran, aún hoy en la distancia ahoga mi vida . Que sentimiento de culpabilidad al dejar todo, todo y todo por mis vacas,mis toros y mis becerros.
Un niño con 19 años al otro lado, soportando las embestidas de la sociedad, con una valentía propia de un héroe. Siempre cerca de mi, aunque no estuviera presente. A veces me recuerda a mi abuelo Pichorronco, aunque quien debe estar orgulloso en el cielo es su abuelo Domingo.
Un señor del campo, Marcos, atajando lo inalcanzable. Haciendo fácil lo imposible.
Han sido 4 años de aprendizaje, de trabajo, lucha incansable, superación, perseverancia y fortaleza divina. Encontrar la manera de vivir con ausencias, y llenar la vida con personas que son la familia que eliges. Compartir alegrías y algún disgusto con quienes no abandonaron este barco. Muchos saltaron por la borda, pensando en mi fragilidad. No era fragilidad, creyeron que la ausencia de experiencia era debilidad, y desconocían la fuerza que me empuja a seguir en pie.
Convertí en 4 años a TraguntÍa en mi hogar, en mi refugio, en el paraíso de mi vida. He abierto sus puertas a los amigos de siempre y a quienes han entrado en mi vida como si les conociera de toda la vida.
Marivi y Goyo son la familia que siempre tengo. Mis hijos, el motor de mi fortaleza. Mi madre la espina que se clava en mi corazón. Mis primos, los amigos de sangre. Araceli, no es un pilar, es el muro de carga que soporta todo el peso. Julián, mi apoderado. Mar y Paz los ángeles que me enviaron desde el cielo. Borja, mi creencia y mi esperanza. Chuchi y Angel, en vos confío. Manuel, la alegría que necesito. Julito, la sabia nueva. Rafa, mi hijo adoptivo. El corazón hecho jirones, no nos lo merecemos. Dios dirá.
Los amigos de Fuenlabrada, las raíces de mi pueblo, siempre presentes. Y los amigos, que se acercan a TraguntÍa en busca de unas risas que son un tesoro.
Y mis toros, la esencia de mi vida, quienes más alegrías me dan. Incluso en las tardes difíciles. A ellos, siempre mi agradecimiento. La razón de mi vida.
Aprendí a poner distancia al maltrato, perdí el miedo al abuso de poder y miré de frente al mal, desafiante, el corazón se resintió y luché por seguir haciendo el bien. Aprendí a disfrutar con los míos, y decidí que no es el lugar, es el hogar lo que se añora. Que se puede vivir sin cosas, sin lo que fue mi infancia, y 50 años de mi vida. Que aquello no vuelve y que aunque quisiera volver, ya no es lo que era, posiblemente ni exista y tampoco importa.
Aprendí que lo que no cuenta, no se cuenta, ni se pregunta. Aprendí a abandonar y a borrar de la memoria lo que me hacía daño. Que cuanto dejé atrás o me dejó, se quedó donde debía quedarse.
Que las heridas se cierran con valor y fortaleza. Y que Dios me dio mucho más que me quitó. Aprendí que perdonar es perdonarme. Descubrí que solo yo soy la culpable de mi vida.
Que el esfuerzo tiene su recompensa. Eso, solo Dios lo sabe.
Cada día es un paso más o un paso menos, cada mañana es una oportunidad.
Aprendí que, hoy El Palancar, es mi casa y la de todos, mañana Dios dirá.
Camino despacio, sin prisa, las vistas de Karina son espectaculares, el corazón sigue latiendo. Y mientras late mi corazón, Domingo Hernández está presente.
Viva Domingo Hernández!!!! Que vivan sus toros!!!!!