29/05/2022
Y con esta terminamos.
Publicación 26/26 : Las salinas de Vejer.
Las salinas de Vejer, o llamadas también en la documentación de Manzanete, ya fueron mencionadas en privilegio de 1285, dado por Sancho IV a los Caballeros de la Orden de Santiago, junto con las “almadrabas de los atunes e con los derechos del puerto de la mar, e con pesquerías e con salinas”.
Por real cédula de 1369, Enrique II hizo merced al conde de Niebla, Juan Alfonso de Guzmán, de la exención de pagar los derechos de sal para las almadrabas, diciendo que ya habían sido “francas” en tiempo de su padre, el rey Alfonso.
En otro privilegio, dado en Alcalá en 1394, Enrique III manda al Consejo, Justicia y Regimiento de Jerez que no se moleste al Conde en la propiedad y posesión de las salinas que tiene en Vejer de la Frontera, como ya hiciera su padre el rey Juan I en 1382.
Sin embargo, en 1574, a 26 de agosto, la corona incorpora todas las salinas de “estos reinos” a la Hacienda Real causando un gran perjuicio a la casa ducal que, a partir de este momento tuvo que comprometerse a pagar 300.000 ducados, a pesar de esgrimir sus derechos sobre la franqueza y exención del almojarifazgo, pertenecientes a sus almadrabas, a cambio de 5.000 cahíces de sal libres de impuestos.
En 1609, Felipe III mandó que de estas salinas se pudiesen labrar y beneficiar hasta 5 mil cahíces, que nos da una suma de 60 mil fanegas en cada año. Las restantes salinas de Andalucía, en manos de particulares, se debían labrar libremente, correspondiendo a la corona 2 reales de derecho y de nuevo impuesto por cada fanega. Siendo contrario el duque a esta medida interpuso pleito ante el Consejo de Hacienda, que suspendió cautelarmente la medida, hasta tanto hubiese sentencia en firme.
Por esta causa y debido al descenso en las capturas de atunes estas salinas se dejaron de labrar en el siglo XVIII.