05/01/2025
Voy a subirme un poco la autoestima, perdón.
Las fotografias de este albun son fotogramas de un documental sobre La Ceramo presentado en forma de Web-serie promovido por varias organizaciones involucradas en la defensa del patrimonio. En el siguiente link podreis ver el documental completo y oir las opiniones de las personas que aqui se citan.No os perdais el documental.
Gracias a él hoy tenemos un documento de un valor inestimable.
https://www.youtube.com/playlist?list=PLLWBrbU6Vuheibc6Sai-vUXfGkHcYC7OV
Los últimos días de La Ceramo fueron muy dolorosos para las personas que se mantuvieron en el barco hasta su hundimiento asistiendo impotentes a su inexorable final. Esas personas eran cuatro, Amparo, Javier, Ramon y Alfonso Pastor. En este álbum aparecen las fotografías de tres de ellos.
Desgraciadamente no tenemos ninguna pista para localizar a Ramon y poner aquí su fotografía, aunque se merezca también de pleno derecho estar aquí con ellos.
Todos tuvieron en la fabrica una misión especifica e irremplazable y el privilegio de haber podido trabajar allí viviendo aquel momento histórico.
Otros dejaron el barco mucho antes de que se hundiera, e incluso intentaron hacer todo lo posible para colaborar en su hundimiento.
¡Que el filtro de la historia le de a cada cual lo que se merece!
(En otras ocasiones futuras trataremos de describir todos los procesos incluida la preparación de las arcillas, pero hoy vamos a hablar solo del papel que tenia cada una de las personas que trabajaron en la fabrica en sus últimos heroicos años).
El proceso de fabricación de las piezas empezaba con Javier, un magnifico alfarero capaz de hacer de un pegote de barro una obra de arte digna de los mejores museos.
Posteriormente y cuando la obra de arte conseguida por Javier se había secado cuidadosamente, pasaba a ser tarea de Ramon el introducirla en el horno para su primera cocción de bizcocho a fuego abierto. La cocción de las piezas ya barnizadas no podía ser a fuego abierto y las piezas debían de ser protegidas en unas cajas de refractario llamadas "cacetas" que impedían que el fuego directo dañara las piezas mientras se cocían. La caja debía de ser atada en toda su circunferencia con una cuerda de esparto que se quemaba con el fuego y ademas de ser atada debía ser también envuelta con barro y todas sus grietas tapadas con sumo cuidado para evitar que por ellas se colara cualquier llama que pudiera dañar la pieza.
Ramon, una vez que tenia la cajas así preparadas las apilaba en el horno con una gran maestría teniendo mucho cuidado en esa operación, porque si alguna se hubiera roto durante la cocción, todo el bloque se podría haber colapsado convirtiendo esa hornada en un amasijo de cascotes y escombros en lugar de una colección de maravillosas piezas de cerámica.
Muchas fueron las noches en vela que pasaron Alfonso Pastor y Ramon mano a mano cociendo los hornos hasta que llegaban a su temperatura final. Alfonso Pastor controlaba el final de cocción de los hornos por el color del fuego en su interior y por las sucesivas muestras que se iban sacando hasta llegar al resultado buscado. La colaboración de Ramon fue muy valiosa en todas las cocciones tanto de Reflejo Metálico como en las de la cerámica barnizada que se hacían previamente a las de la decoración con reflejo.
Ramon era una pieza fundamental en la estructura humana de la fabrica, él preparaba el barro, barnizaba las piezas, las enhornaba, las cocía con leña y las deshornaba, es decir casi todas las operaciones de la fabrica tenían un inicio o un final en Ramon. Debemos por lo tanto dispensarle aquí un merecido reconocimiento.
Cuando las piezas cocidas barnizadas o simplemente bizcochadas salían del horno pasaban al cuidado de Amparo que las decoraba o bien con azul cobalto sobre bizcocho o bien con colores sobre el barniz en polvo crudo, dependiendo del modelo. Todas esas artes Amparo las dominaba, pero en lo que era una virtuosa era en la decoración del reflejo metálico que era en lo que dejaba hasta a los maestros calígrafos japoneses con la boca abierta. Cualquier pieza que salía de sus manos se convertía en una obra exquisita e inigualable, pero por si alguien piensa que esto es una exageración solo tiene que ver los alguno de los jarrones del modelo de la Alhambra pintados por ella.
Cuando Amparo había terminado de decorar las piezas estas volvían de nuevo al cuidado de Ramon para que las enhornara en el horno de reflejo. Una vez enhornadas en uno de los dos hornos de reflejo que había se sellaba con barro su puerta. La cocción se hacia siempre bajo la supervisión de Alfonso Pastor que era quien decidía la cadencia a la que se debía de alimentar el romero y el difícil instante en el que dar por terminada la cocción, a la vista del color del humo y de las muestras testigo extraídas.
Mientras se realizaban todas las operaciones anteriormente descritas a la vista de luz y taquígrafos, habían otras operaciones ocultas que formaban tambien el quehacer diario de la fabrica. Estas estaban bajo el cuidado de Alfonso Pastor. Él era el encargado de preparar en el laboratorio las recetas de reflejo metálico y de los otros colores y barnices que se utilizaban en la fabrica.
También se encargaba de supervisar las cocciones y de decidir su momento final, así como de conducír el fuego en los hornos abriendo o cerrando los registros correspondientes.
Alfonso Pastor a parte de disfrutar haciendo todas estas mencionadas operaciones que formaban parte de la alquimia que se practicaba en la fabrica, también se ocupaba de todas las tareas administrativas y comerciales que era justo lo que mas odiaba.
¡Desde aquí un tributo a quienes supieron estar en La Ceramo hasta el final, y resistieron en ella hasta que el barco se hundió! ¡En un pais culto habrian sido declarados "Tesoros Vivientes" y no se habria permitido jamas que sus conocimientos se perdieran sin haberselos transmitido a otros!