08/05/2025
Hace unos días estuve en las casas cueva de las antiguas minas de azufre de Libros, en Teruel. Desde el siglo XVIII, estas cuevas excavadas en la roca fueron el hogar de los mineros y de sus familias hasta que las abandonaron en 1956. Inicialmente, las casas eran cuevas horadadas por ellos mismos en la montaña al no haber casas suficientes en el poblado. Los techos son tan bajos que hay que moverse agachada. Se estima que llegaron a ser unas 130 casas cueva, aunque hoy solo quedan ruinas. Cuando las minas se cerraron en 1956 el poblado fue abandonado. Actualmente se conservan 12 cuevas y pueden visitarse gracias a Julián Martínez “El Francés” que, junto con Amparo, se han dedicado su restauración siguiendo las indicaciones que le han sido transmitidas por familiares de los mineros que allí trabajaron. Además, es posible entrar en la mina. Yo entré con mucho cuidado y a los pocos metros todo se convirtió en oscuridad y olor a azufre. Según avanzaba por su interior el silencio se volvió espeso como si las paredes guardaran la respiración de quienes picaron esa piedra durante años. No sentí miedo, pero si una profunda sensación de respeto a la memoria de ese espacio. La historia no siempre está en los libros. A veces, vive bajo tierra.
# ̃avaciada