01/09/2026
Están ocurriendo cosas últimamente que me hacen pensar y darme cuenta más que nunca de la importancia de nuestra profesión, de las Artes Escénicas…
Tengo un espectáculo que habla de la guerra, el año que viene cumple 10 años y lamentablemente, no puede ser más actual.
En esta obra hay un momento donde una radio me lanza órdenes de matar a un enemigo, que no resulta ser más que un abrigo, pero con el que han pasado muchas cosas… suele ser un momento muy delicado y tenso, donde ya nadie está de jajas y donde los adultos empiezan a negar con la cabeza, muy serios. En la penúltima función que tuvimos, varios niños (cuyos padres estaban en terrazas lejanas), empezaron a corear “que lo mate, que lo mate!!” mientras el resto del público negaba conmocionado y mi hijo de 3 años, miraba a estos niños y me miraba a mí.
Después en casa, mi hijo me preguntó un montón de veces porque gritaban “que lo mate!” y estuvimos hablando un montón de rato sobre lo que ocurría en esta obra y sobre lo que queremos hacer reflexionar.
No siempre pasa, la mayoría de las veces el público (niños y niñas en general, porque son así de increíbles), se levantan del suelo y de las sillas, indignados de que vaya a intentar matar al “enemigo”, me lo prohiben y mola, mola muchísimo cuando eso ocurre.
Lo anormal, lo inconcebible, es que está pasando de verdad. En varios lugares de nuestro planeta, en Palestina, en Ceuta, en Gaza… y las respuestas no pueden ser “que lo maten!”, es que no está permitido, no es una opción, no puede seguir ocurriendo.
Últimamente lo comento después de este espectáculo, que esto sucede, que nadie tiene que seguir órdenes absurdas y que siempre, siempre, siempre son más las cosas que unen al “otro”, al diferente, al lejano, de las que nos separan.
Ánimo compañer@s, tenemos mucho trabajo por delante, joder.