Proveniente del extinto Teatro de los Trovadores, la compañía toledana El Retablo en el Espejo Producciones lleva ya tres años de singladura teatral. Su primer estreno fue “¡Que no se entere la madre abadesa…!”, espectáculo ampliamente girado que encabezó la lista de comedias que caracterizan a esta compañía. Más tarde se adentraron en el terreno del teatro infantil, donde salieron distintas propu
estas escénicas que también han constituido una impronta particular, debido a su carácter didáctico y conmemorativo. Estamos hablando de títulos como “El cuento de Juanita Valiente y el primo Lolo, que es tonto el bolo”, libreto que afronta el conflicto del miedo infantil, “El sueño de Doménico”, que es una recreación del personaje del Greco en clave naïf, y de “La visita de los duendes daltónicos”, ambientado en la época navideña, que ayuda a los más pequeños a comprender la necesidad de la tolerancia y el afecto como bases para la convivencia. Siguiendo en esa línea, se encuentra ya próximo al estreno otro infantil, en este caso dedicado al Caballero de la Triste Figura, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote; su título es “Don Quijote, fantasma en Toledo”, y pretende aproximar las figuras cervantinas al universo más conocido por nuestros hijos. En el repertorio de adultos, cabe destacar otros dos espectáculos, “Las artes de Lucrecia”, ya estrenado en el año 2013, y “El cantar de Santa Teresa y medio monje”, que se halla en los prolegómenos de su estreno, con motivo del cuarto centenario de Santa Teresa de Ávila, y que refleja la imagen más humana de la escritora universal, que rebosaba ingenio, buen humor y saber hacer con quienes que la rodeaban. Jorge Blanco Villena es el responsable del trabajo dramatúrgico, cuyo principal cometido es la actualización de aquellos elementos que informan cada una de las propuestas, para que el público, único destinatario posible de todos los espectáculos, encuentre en estos la cercanía suficiente para sentirlos como algo propio y, en definitiva, que se sienta siempre como el verdadero protagonista.