30/08/2026
En mis viajes suelo buscar respuestas y acabo encontrándome con preguntas.
San Sadurniño me ha producido justo esa sensación.
Como conservador-restaurador, quizá tengo la deformación profesional de mirar primero la materia antes que la leyenda. Los muros, las fábricas, las pérdidas, las reparaciones, lo que permanece y también lo que ya no está.
En este caso, las evidencias conocidas parecen llevarnos a una torre de finales del siglo XV o comienzos del XVI. A finales del XVI ya aparece documentada y, en 1607, Jerónimo del Hoyo habla de una «casa fuerte» rodeada por el mar.
Lo anterior es bastante más difícil de precisar.
Y no pasa nada. A veces tenemos demasiada necesidad de llenar los vacíos de la historia. De poner fechas, nombres y episodios donde la materia todavía no nos permite hacerlo.
Quizá por eso, estando allí, me acordé de Ruskin.
De esa idea suya de que el tiempo también forma parte de los monumentos. Que una ruina no es necesariamente algo incompleto que tengamos que corregir. Que sus pérdidas también cuentan.
San Sadurniño conserva precisamente eso: materia, tiempo y muchas incertidumbres.
Y para mí ahí está lo interesante.
No en imaginar lo que pudo ser, sino en aprender a mirar lo que realmente queda.
Porque en conservación-restauración hay algo que a veces cuesta aceptar: no siempre sabemos toda la historia de aquello que tenemos delante.
Y quizá nuestra obligación empieza precisamente ahí.
En no inventarla.
JohnRuskin