09/10/2026
Hoy quiero dedicar unas palabras a alguien que lleva muchos años formando parte de mi equipo y, sobre todo, de mi día a día profesional.
Andrés es una de las personas más proactivas y resolutivas que conozco. Trabajador incansable, de la vieja escuela, de esas personas de oficio que saben mirar un problema, entenderlo y encontrar la manera de resolverlo.
En un trabajo como el nuestro, donde muchas veces la restauración se desarrolla en obra, entre imprevistos, plazos, decisiones rápidas y alguna constructora que apenas nos deja respirar, tener a alguien como él al lado marca una enorme diferencia.
Andrés ha sido durante muchos años mi mano derecha en esos escenarios difíciles.
Y hay algo que dice siempre:
“Aprended de mí lo bueno, no lo malo”.
Creo que esa frase le define bastante bien. Porque detrás de su experiencia y de su carácter hay una persona que comparte lo que sabe, que ayuda, que enseña y que nunca deja tirado a un compañero.
Mi equipo de restauradoras le adora. Y no es casualidad. Para ellas no es solamente un compañero de trabajo. Muchas veces es el bastón donde apoyarse cuando las cosas se complican, el que encuentra una solución cuando parece que no la hay y el que está ahí cuando hace falta.
Los proyectos los forman las obras, los materiales y los tratamientos. Pero, con los años, uno aprende que lo verdaderamente importante son las personas con las que recorre el camino.
Gracias, Andrés, por tu implicación, por tu saber hacer, por tantos años de trabajo y por estar siempre ahí.
Seguimos.
Oficio Restauradores Patrimonio