17/02/2022
Repensar la danza
Debate intenso si los hay. Qué le pasa a la danza como arte.
“Soy crítica; también estoy preocupada”, indica, mientras mira fijamente al infinito. Es que la danza, a su criterio, ha adoptado tendencias que la alejan de aquello que le da sentido profundo: la intención de comunicar y contar algo de una forma artística. El despliegue físico y la preparación fundada en el logro de destrezas de índole acrobática, en pos de ganar concursos que premian este tipo de desarrollo, parecen haber tomado la escena de los jóvenes estudiantes de danza a nivel mundial. Y es en estos marcos que, finalmente, el arte pierde terreno para dejarle espacio a la valorización del movimiento por el movimiento mismo, sin más.
Y explica: “Hay un lado muy bueno sobre las competencias, que es que los chicos tengan la oportunidad de conocerse, de observar distintos niveles –medirse-, ganar una beca, pero creo que el problema está en los jueces. Como jurados, es nuestra responsabilidad mantener el nivel artístico. Nosotros tenemos la obligación de decir ‘sí, este chico puede hacer 8 piruetas, ¿y qué? ¿qué hay con eso?¿quiero ver eso en un escenario?’. Creo que como artistas tenemos la responsabilidad de observar el arte y no sólo la parte física o atlética que conlleva la danza. Así es que los chicos tienen a sus maestros empujándolos para que hagan más piruetas, más saltos, más destrezas a la edad de quince, dieciséis años para que les vaya bien en la competencia. Pero ese no es el punto, eso no es bailar. Eso es una suerte de danza competitiva: una performance que recibe un puntaje y tiene que ver más con las Olimpíadas que con la danza. Los bailarines se supone que tratamos de hacer algo diferente, que es comunicar a un nivel superior a través de la danza. De la forma en que la música o la pintura también lo hacen. No se trata de aplaudir a alguien que pueda saltar alto; eso es un truco. Es circo. Y no quiero ser parte de eso”.
Alessandra Ferri.