10/05/2026
Sin titulo. Grava, cemento, arena de río, ferralla, caja de cartón, polvo de ladrillo y pigmento natural. Febrero de 2026.
Un ejercicio muy simple: hormigón dentro de una caja de cartón. La caja, recuperada de la basura, queda como una especie de encofrado perdido, atrapada en la obra y pasa a formar parte de ella. Más que construir una escultura, el proceso consiste en fabricar una superficie donde pintar, una cosa a medio camino entre la pintura y la escultura.
La ferralla, el polvo de ladrillo o el mismo cartón son materiales y texturas cotidianas, que junto al formato de la obra, que pesa 30 kg, hablan de esas cargas que terminamos incorporando a la vida con resignación, como algo que permanece aunque pesa.
La obra se centa en esa sensación de resignación, pero también con la ilusión de cambio frente a ella. Al presentarse la pieza en el suelo, la mirada cae sobre la obra desde arriba y desplaza la relación habitual entre cuerpo y objeto a la misma altura. La obra deja de imponerse y aparece la idea de que aquello que parece muy pesado e inmóvil también puede ser dominado (mirado desde arriba).
Creo que ahí es donde termina de coger forma: cuando alguien, de pie, la mira estando en el suelo. Para mí es ahí donde realmente se activa lo que se trabaja en esta idea, que tiene en cuenta que la vida es movimiento y que en esta especie de escultura o lienzo artesanal se propone un desplazamiento simbólico: mover la carga desde "sobre nosotros" hacia "bajo nosotros".
Que aquello que pesa, que nos acompaña y condiciona, deje de ocupar nuestros hombros para situarse en una posición dominada por nuestra mirada. No para hacer desaparecer el peso, sino para cambiar la relación que mantenemos con él.