08/02/2025
FIBROMIALGIA
El descanso empieza cuando sé que no hay prisa. Cuando despierto a las 6 de la mañana y sé que puedo tomarme el tiempo que quiera para que mi cuerpo entumecido se vaya activando poco a poco. Cuando sé que puedo sentarme a mi mesa llena de pinceles a plasmar en papel todo lo que pasa por mi cabeza sin tenerlo que dejar a medias por obligaciones o responsabilidades.
El descanso empieza cuando no me veo en la obligación de tirar de mis dolores en el camino al trabajo, o al súper, o al banco, o al médico... Y tengo la oportunidad de improvisar según vayan mejorando o empeorando mis manos doloridas, mis piernas cansadas, mi espalda, mi clavícula, mis pómulos... Y no tengo que ponerme zapatos si no quiero. Y poco a poco va amaneciendo sin la urgencia de llegar a tiempo a nada.
El descanso no es sólo el tiempo en el que duermo, sino también el tiempo en el que puedo estar en silencio tomando mi primer café mientras hago estiramientos de mis piernas para sentirme mejor. El tiempo en el que nada ni nadie me espera y leo algo despacio mientras giro mis manos agarrotadas repetidamente. Un día que se presenta completamente libre de horarios y me permite moverme al ritmo que mi cuerpo me va pidiendo.
La fibromialgia no se ve, pero se siente. Y duele. Y cansa.
Un día en el que no tengo que forzar mi cuerpo y en el que mi mente pueda estar concentrada solo en mí, es casi el mejor de los tratamientos contra los síntomas de la fibro.