13/10/2025
ÍDOLO
Éxodo 20:3-5
«No tendrás dioses ajenos delante de Mí.
No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo,
ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra;
no te inclinarás ante ellas ni las honrarás…»
No tenía nombre, pero sí tenía su fuerza. No había otra como ella…
Toda su vida era una ilustración de la libertad primitiva y de la búsqueda eterna en la cueva de Platón.
Se reconocía a sí misma a través de la Sombra: las formas, las curvas, los ritmos, la respiración…
Cuando llegaba Kálima, cubriéndole los ojos con una mezcla de agua salada y arena del Sahara,
ella encendía el fuego y bailaba bajo el aullido del viento, buscando respuestas a sus preguntas.
Trazaba líneas con arcilla sobre su cuerpo, convirtiéndose en las rocas que la habían creado.
Y luego iba al océano.
Él siempre le hablaba en su idioma.
Sus palabras eran metafóricas e imagéticas —ella conocía todos sus matices, todos sus estados de ánimo, y de vez en cuando él le traía regalos.
Y un día, llegó a sus manos ella: hermosa, perfecta, fascinante, creada por las manos de sus Dioses.
La máscara
Nunca había visto nada más perfecto.
Más bello. “¿Así deben de verse ELLOS?” ¡Cómo deseaba parecerse a eso!
Tocaba con los dedos la línea de los labios y su corazón se detenía de admiración.
Rozaba con la lengua el arco de las cejas… y su cuerpo se llenaba de electricidad.
El primer ídolo.
El fantasma. La Sombra…
La hizo parte de sí misma.
La reclamó.
Se disolvió en ella.
Con la máscara se transformaba en una forma divina, distinta.
Encontró respuestas.
Ella era la Sombra.
Un día, el viento cesó.
Y en el horizonte vio a los visitantes de otro mundo.
Eran una decena —y todos llevaban máscaras como la suya.
Iguales.
Blancas y negras. Perfectas. Dioses.
De pronto, el color de su máscara se apagó;
su perfección se volvió rutina.
Dejó de ser una revelación —se convirtió en una trampa.
Los fantasmas se acercaban…
Su frágil mundo estaba amenazado por algo inexplicable.
Necesitaba volver a ser parte de aquellas rocas,
dibujar con arcilla sobre su cuerpo signos secretos.
No quería ser una copia.
Quería ser el original.
- el texto y fotos