01/02/2020
Intento analizar esta historia. Verlo sin poner todo el corazón en la mesa para saber si, una vez más, no he sido capaz de darme cuenta que me estaba cegando entre tantos besos. Me pasa, y esto me emociona a la par que me entristece, que beso y todo se me olvida. Que río y todo me da igual. Que duermo contigo y se me hace la vida más amable. Que me miras y acercas mi casa a esta isla. Es el amor. Posiblemente no el que tú me ofreces, es el mío, llenandolo todo, arrasandolo todo, cruzando carreteras sin mirar, corriendo sin escuchar nada, buceando hasta llegar el fondo. Y dejar de ver.
Me nublo. El amor tiene ese efecto en mí. E intento acercar todo lo que amo, y así convertirnos, en mi canción favorita.
Pero el amor es bidireccional. Tiene que serlo. He pensado mucho sobre lo que supone "no darlo todo". Para mí, quedarme en la ciudad cuando el mundo me está llamando, guardarme abrazos que me muero por dar, ver cómo te marchas y no decirte que voy a extrañarte con toda el alma. Querría decirle a mi madre que yo me muero por dentro si no lo doy todo. Pero no lo hago, porque sé que ella me respondería que mientras lo hago, me estoy matando yo misma por el camino. Porque el amor hay que darlo. Creo que no he venido a decir eso. El amor hay que recibirlo. Compartirlo. Abrazar mientras te están abrazando. Y son fáciles todas estas palabras. Lo difícil es mirar ahora para atrás con toda esta nostalgia manchandolo todo. Subiendo el volumen a las canciones alegres para que duelan más. Bajando la intensidad de los momentos malos como si no hubieran sucedido y este desastre hubiera ocurrido de repente y sin culpables. Como si yo misma me hubiera clavado el puñal y no tú.
No tú...
Otra vez aquí. Ciega.
Otra vez, casi vacía, por haberte regalado todos mis bailes y haberte quedado solo con las noches en vela.
Otra vez me han robado el amor.
Y vuelvo a aquel rinconcito de mi corazón a llorar que ha vuelto a suceder. Siento que no aprendo. Que mi corazón es indomable.
Pero poco a poco, mientras escribo esto, siento cómo me empieza a abrazar el papel y me dice:
"Mira Violeta, mira todo ese mar de esperanza."
Empieza otro duelo.
Pero acabará siendo
Otra flor.