02/05/2026
Hay una verdad incómoda que nadie en un despacho, ni en un medio de comunicación, ni en una facultad de educación te va a reconocer… que las soluciones a los grandes males de la escuela son asombrosamente simples, pero políticamente incorrectas.
Y como decir la verdad no da votos, ni permite vender ciertas cosas, ni justifica las dietas de las infinitas comisiones de expertos o mantener el statu quo de algunos, hemos decidido montar un teatro nacional. Todo el mundo finge no saber qué está pasando. Pasamos décadas diagnosticando mal el problema a propósito, hablando en círculos y perdiendo el tiempo en un bucle infinito de burocracia y postureo.
Es el arte de no querer ver. Llevamos años instalados en un cinismo sistémico. ¿Que los resultados en comprensión lectora caen en picado? La solución simple es recuperar el rigor, fomentar el silencio, priorizar el papel sobre la pantalla y volver a la lectura mecánica y profunda. Pero claro, eso molesta a las tecnológicas y rompe el mantra de la innovación.
¿Qué hacemos entonces? En lugar de aplicar la medicina, inventamos un nuevo término, montamos un observatorio para hacer no se sabe qué y perdemos cinco años discutiendo rúbricas de percepción emocional. Es fascinante. Preferimos diagnosticar el cadáver durante años antes que admitir que la causa de la muerte fue el abandono del sentido común.
Hay una verdad incómoda que nadie en un despacho, ni en un medio de comunicación, ni en una facultad de educación te va a reconocer... que las soluciones a los grandes males de la escuela son asombrosamente simples, pero políticamente incorrectas. Y como decir la verdad no da votos, ni permite v...