09/08/2026
En pleno verano, el grupo adulto de la Escuela de Teatro Alfandarín hizo una pausa en las vacaciones para asistir a El retablo de las maravillas de Els Joglars, dentro del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier. La salida fue mucho más que una actividad cultural y convivencia, fue una clase magistral.
El montaje de Albert Boadella y Ramón Fontserè destaca por su capacidad para actualizar el universo de Cervantes y convertir el famoso engaño colectivo del entremés en una reflexión contemporánea sobre la dificultad de pensar de forma independiente y la manipulación pública de pícaros, listos y sin vergüenzas vende aire. Centrándose principalmente en el mundo del arte, la iglesia y la alta cocina, todo vinculado a la política y al humor crítico.
Uno de los aspectos más impresionantes del montaje es cómo Els Joglars mantiene a los mismos personajes en dos tiempos distintos, la época en la que Cervantes sitúa la acción y el presente 2026. La clave está en que no son individuos concretos, sino tipos, personajes que funcionan igual en el pasado y en la actualidad, y reaparecen también en todos los ámbitos donde la obra sitúa el engaño —el arte, la Iglesia, la política o la cocina—. La propuesta sugiere que los mecanismos de manipulación cambian de apariencia, pero los tipos que los encarnan son los mismos a lo largo de la historia.
La sátira incluye además una reflexión sobre cómo determinados movimientos o discursos colectivos, entre ellos algunos vinculados al feminismo o al colectivo LGTBIQ+, pueden ser utilizados como instrumentos de manipulación o de adhesión acrítica, de modo que la obra no deja prácticamente títere con cabeza. Mostrándose así fuera del espectro de cualquier ideología concreta.
Todo ello se sostiene sobre una escenografía sobria y funcional, reforzada por un diseño de iluminación y sonido especialmente preciso, que contribuye a marcar las transiciones y a mantener el ritmo del espectáculo. También merece destacarse el gran esfuerzo de los actores, con constantes cambios de vestuario y una importante exigencia física en la construcción de los distintos personajes, resuelta con notable precisión y energía durante toda la representación.
Gracias al Festival de San Javier por seguir acercando espectáculos de esta calidad a la Región de Murcia.