12/10/2018
Caracoles de piedra, únicos desde 60 €
El conejo y el caracol.
En el mundo de los animales vivía un conejo muy orgulloso y vanidoso, que no cesaba de pregonar que él era el más veloz y burlaba de ello ante la lentitud de el caracol. ¡Eh, caracol, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! Decía el conejo riéndose de el caracol. Un día, al caracol se le ocurrió hacerle una inusual apuesta al conejo: Estoy seguro de poder ganarte una carrera. ¿A mí? Preguntó asombrado el conejo .Sí, sí a ti, dijo el caracol. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera. El conejo, muy engreído, aceptó la apuesta. Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, y sin preámbulos comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes. Astuto y muy confiado en si mismo, el conejo dejó coger ventaja al caracol y se quedó haciendo burla de él. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó al caracol que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y
frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormido, mientras el caracol siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse. Cuando el conejo se despertó, vio con pavor que el caracol se encontraba a una corta distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡el caracol había alcanzado la meta y ganando la carrera! Ese día el conejo aprendió, en medio de una gran humillación, que no hay que burlarse jamás de los demás. También aprendió que el exceso de confianza puede ser un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Moraleja: No hay que burlarse jamás de los demás y que el exceso de confianza puede ser un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos.