08/09/2026
En la otra cara del flamenco parece que por dedicarnos al arte, tenemos que estar siempre disponibles, adaptarnos a todo y aceptar cualquier decisión sin cuestionarla.
Y no. Ser artista no significa tener menos derechos, ni menos dignidad, ni que nuestro tiempo y nuestro esfuerzo valgan menos.
Detrás de cada actuación hay horas de trabajo, desplazamientos, gastos, organización y, sobre todo, una persona que merece ser tratada con respeto.
Lo que más duele no es tener que adaptarse. Lo que duele es sentir que se puede decidir sobre nuestro trabajo sin tener en cuenta nuestra realidad y esperar, además, que lo aceptemos en silencio.
Ya va siendo hora de que dejemos de confundir profesionalidad con conformismo.
Los artistas también tenemos voz. Y también tenemos derecho a decir:
esto no es justo.