04/06/2026
Tras la expulsión de los españoles en 1898, los norteamericanos se quedaron en Cuba como colonia. El mosqueo del pueblo cubano crecía por momentos y los “Yankees” decidieron darles una semilibertad en 1901. La Asamblea constituyente cubana aprobó una Constitución que, por exigencias del invasor debío contener la llamada Enmienda Platt, aprobada meses antes en el Congreso USA. Gracias a este trágala, los norteamericanos se quedaron con Guantánamo.
Les pasaban un cheque anual a los cubanos hasta que llegó Fidel y empezó a devolver los cheques y reclamar el territorio ocupado. Los “Yankees” pensaron: esto que nos ahorramos.
Un buen día unos egipcios, dicen, les echaron abajo las Torres gemelas, así como una tercera torre que se cayó del susto.
Por algún proceso mental difícil de entender, los USA empezaron a detener gente en Afganistán y los llevaron a Guantánamo. La razón era lógica –para su lógica, claro- pues si los hubieran llevado a su país los hubieran tenido que juzgar, pero en la base ocupada a los cubanos podían pasar de esa mi**da de la “égalité”.
Viene eso a cuento de una película que ganó el “Oso de plata” en la 56 Berlinale, sobre unos jóvenes ingleses que fueron a una boda a Kunduz y de cómo acabaron en Guantánamo.
Por cierto, la “gran esperanza negra”, Obama, prometió cerrar el campo de concentración a su llegada a la presidencia. Será que se le olvidó.