13/09/2026
No soy vendedora, soy fotógrafa. Y el Rastro no se vende: se vive.
Para mí, su verdadera magia no está solo en que puedas encontrar cualquier tesoro que busques, sino en la gente y en las charlas. Con los años, este lugar se convierte en una red de caras conocidas, de saludos que se alargan y de conversaciones improvisadas en medio del bullicio.
Tengo mis ritos de domingo y cada hora pide un tipo de foto diferente. A primera hora, el ambiente es de los madrugadores: charlar con los vendedores mientras montan y cruzar impresiones con los coleccionistas de verdad. Pero más avanza la mañana, más cambia la fauna. Estos chicos ya forma parte de la última hora del Rastro, de ese compás más energético donde te vas encontrando con los asiduos y la calle tiene otra energía.
📷 Alejandra Seijas