21/04/2026
En la noche templada del viernes 17 de abril, el Teatro Apolo de Almería se convirtió en un territorio suspendido entre lo establecido y lo improvisado. La compañía La Monto no presentó simplemente un espectáculo: desplegó un universo propio, frágil, inprivisado y contundente a la vez, donde cada gesto parecía debatirse entre el impulso que te pedía la música y la contención propia de estar delante de un teatro lleno.
Hubo en escena una pulsión constante por romper la forma, por desobedecer la linealidad de lo estructurado.Sin embargo, en esa misma búsqueda se escondía también su mayor riesgo: momentos donde la intensidad se diluía, como si la obra dudara de sí misma antes de alcanzar su propio vértigo. Aun así, esa imperfección no restó valor; más bien humanizó el conjunto, lo acercó a una verdad menos pulida y más honesta.
El cuerpo —siempre el cuerpo— fue el verdadero protagonista. Cuerpos que caen, que se sostienen, que se buscan en una coreografía casi instintiva. A ratos parecía que todo ya estaba dicho en la tensión de una mano o en la caída de una mirada.
La iluminación, sobria pero precisa, acompañó como un latido silencioso. No impuso, no distrajo: sugirió. Y en esa sugerencia, el espacio escénico respiró, se expandió más allá de sus límites físicos.
Quizá no fue una obra complaciente, ni fácil de descifrar. Pero tampoco lo pretendía. La Monto apostó por incomodar suavemente, por dejar preguntas flotando en el aire mucho después de que el telón
Al salir del teatro, quedaba una sensación extraña: no la certeza de haber entendido todo, sino la intuición de haber sentido algo verdadero. Y, en tiempos donde lo inmediato lo devora todo, esa persistencia en lo ambiguo se agradece como un acto casi revolucionario.
TRASLADANZA una producción
de BUTAKA 13 PRODUCCIONES S.L
Con el apoyo del
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