09/09/2026
- Háblame del escenario, tía Mae. Háblame de Biloxi.
- Cariño, me conformaba con cualquier club, aunque fuera en Mobile o en Baton Rouge. Me encantaba estar en el escenario, David. Me encantaban las luces, los trajes, sentir el ritmo debajo de mis pies. Nunca canté muy bien, cielo, siempre lo supe. Pero cuando era joven, la ropa me sentaba muy bien y tampoco desafinaba. Pero una envejece, cielo. Envejeces, pero sigues adelante. Siempre piensas: "Un día me descubrirán, grabaré un disco". Un día dirán: "Mira, es Mae Morgan". Es como una droga, igualito, cielo. Y cuando nada de todo esto ocurre, duele, duele aquí dentro. Y uno te dice que eres de lo mejorcito. El siguiente también. Y otro y otro más, hasta que acabas siendo mercancía de segunda mano. Ningún hombre decente se acercaría a mí. Y ese último trabajo fue el peor de todos. Alguien me tiró una botella. "¡Cuidado, Mae!" y la tenía encima. ¿Te lo imaginas? Las chicas, las coristas, se juntaron y me compraron el billete hasta aquí. Y aquí, aquí no encajo. Ya lo sabes, David. Me puse a cantar para presumir porque nadie se fijaba en mí. Pero duele. Sólo quería ser feliz con vosotros. Cielo, a todos nos duele algo, ¿verdad? Poco o mucho. No me hagas caso, tu vieja tía Mae no está en forma esta noche.
La biblia de neón, The Neon Bible, 1995, Terence Davies