11/09/2026
COSTA RICA. UNA CARTOGRAFÍA QUE CONTINÚA 🇨🇷
Hace unos días regresé de Costa Rica y todavía siento que necesito tiempo para ordenar todo lo vivido.
Llegué con una enorme ilusión: debutar en el histórico Teatro Nacional de San José al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica. Fueron dos conciertos con el aforo completo, alrededor de un programa que titulé Cartografía del agua: un recorrido desde el caos hacia el orden, atravesando musicalmente el agua, la tierra, el fuego y el aire, desde Rebel y Händel hasta Haydn. Uno de esos encuentros tuvo además la fortuna de llegar al público a través de la televisión costarricense.
Quiero dar las gracias, muy especialmente, al Centro Nacional de la Música de Costa Rica y a todo su equipo, por la acogida, el cuidado y el trabajo de tantos días; a todos y cada uno de los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional, por su entrega, curiosidad y generosidad sobre el escenario; y a Andrés Salado, director titular y artístico de la Orquesta, por pensar en mí y hacer posible esta invitación. Ha sido un verdadero privilegio compartir música con vosotros.
Pero Costa Rica me ha regalado mucho más que un debut.
Hay algo profundamente inspirador en conocer un país que abolió su ejército en 1948 y que ha construido buena parte de su identidad cívica alrededor de la educación, la salud y unas instituciones culturales que entienden la música también como formación, desarrollo y derecho cultural. Quizá por eso resulta tan emocionante comprobar la importancia que allí se concede a educar, conservar y transmitir.
Y después llegó el país.
El paraíso en la Tierra, si es que existe, debe de parecerse bastante a esa explosión verde de vida.
He cruzado Costa Rica del Caribe al Pacífico. He recorrido volcanes como el Poás y el Arenal, selvas y bosques, las playas de Tortuguero y Manuel Antonio. He conducido por sus carreteras y he parado en lugares donde uno empieza a conocer un país de verdad, como el histórico mercado de Orotina.
He caminado entre cacaotales y cafetales y he comprendido mejor cuánto mimo, conocimiento y paciencia existen detrás de algo que, a miles de kilómetros, recibimos sencillamente humeando en una taza.
He descubierto una naturaleza que parece empeñada en demostrar a cada instante que la vida puede adoptar infinitas formas. Ranas diminutas de colores imposibles, de día y de noche; una diversidad extraordinaria de animales y plantas; y uno de esos acontecimientos que quedan para siempre en la memoria: ver a las tortugas llegar de noche a las playas del Caribe para desovar.
Y me llevo también una inesperada lección del perezoso.
Observándolo avanzar entre las ramas pensé que quizá tenemos demasiado asociada la idea de progreso con la velocidad. El perezoso avanza despacio, sí, pero avanza. Lo importante no siempre es ir deprisa, sino continuar, saber hacia dónde nos dirigimos y no perder el objetivo.
Quizá esa sea una de las enseñanzas más hermosas que me llevo de Costa Rica.
Y, por suerte, siento que este viaje ha quedado incompleto.
Me queda conocer la realidad del pueblo Bribri. Me queda también ver al quetzal en su hábitat. Me queda escuchar el calypso de Cahuita y Puerto Limón, acercarme a tantas otras expresiones de la cultura afrocaribeña y conocer algún día a Quince Duncan. Y me quedan muchos lugares, músicas, personas y preguntas.
Así que no quiero decir adiós. Prefiero decir gracias.
Gracias, Costa Rica, por la música y por el silencio; por los bosques y los océanos; por las personas que he conocido; por recordarme la importancia de proteger el medio ambiente y todo aquello que merece ser transmitido.
Llegué para dirigir una Cartografía del agua y regreso con una cartografía mucho mayor, hecha de sonidos, rostros, volcanes, selvas, animales, aprendizaje y vida.
Pura vida. Y hasta pronto. 🇨🇷
· Director titular: Andrés Salado
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