28/03/2026
Durante mucho tiempo sentí que la danza me había salvado la vida.
Y, en muchos sentidos, fue así.
Me entregué a ella como quien reconoce algo sagrado. A su estructura, a sus leyes invisibles, a esa inteligencia que ordena el cuerpo, el espacio y la presencia.
Me puse a su servicio.
Y en ese acto encontré dirección, disciplina, sostén. Encontré un lugar donde mi energía podía organizarse, donde mi sensibilidad no era un exceso, sino un canal, un puente entre lo que sentía y lo que era capaz de expresar.
La danza me enseñó a estar.
A escuchar.
A habitarme.
Pero con el tiempo, algo empezó a moverse dentro de mí. Una pregunta que alguien me hizo, sencilla, pero profunda: ¿quién soy yo cuando no me revelo a través de la danza y sus leyes?
Ahí sentí vértigo (aún lo siento)
Porque durante mucho tiempo me he reconocido a través de ella.
Ahora, voy comprendiendo algo que está transformando mi manera de vivirla:
No es la danza la que me sostiene, sino la vida en mí encontrando en la danza una forma de expresarse.
Ponerse al servicio de algo mayor es un acto profundamente transformador.
Nos ordena, nos afina, nos saca del ruido del ego y nos conecta con algo más amplio.
Pero ahora siento que ese no es el final del camino. Hay un momento en el que ese “algo mayor” deja de vivirse como externo y empieza a reconocerse dentro.
Ya no es reverencia. Es diálogo.
Ya no es exigencia. Es escucha.
Ya no es “yo al servicio de la danza”, sino la danza ocurriendo en mí.
Hoy la utilizo como portal. Como un lenguaje que me ayuda a volver al cuerpo, a la tierra, a la vasija, al pulso, a lo esencial.
Pero ya no es el único lugar donde existo. Porque la presencia que encuentro en el movimiento
también puede habitar el silencio.
No necesito demostrar nada, no necesito alcanzar nada, no necesito ser “válida” a través de lo que hago. Puedo simplemente estar, dejar que la vida tome forma y ser testigo activo de esa magia.
Quizá de eso se trata también la danza: de recordarnos que somos canal, que somos espacio donde algo invisible se vuelve visible por un instante. Y eso… es maravilloso.
¿Y si aquello a lo que crees servir… es realmente lo que está naciendo desde ti?