29/09/2026
Síndrome de Stendhal
No tengo apenas protección ante la belleza...
Me amordaza las durezas más racionales...
Me subvierte los sentidos hasta sacarles el alma por la boca...
La belleza me devasta las teorías, arremete en mis orígenes más íntimos, pulveriza mi señorial experiencia...
Soy siervo de la belleza ... Esa que atraviesa toda forma, esa que se esconde tras la modestia, esa belleza que se viste de hermosura, de hoja al viento, de mágico arco iris, de viento cálido en la noche, de secreto callado tras las pestañas dulces...
Esa belleza que me embriaga como Morfeo dormido bajo las amapolas... Que me sacude la roja sangre sobre las paredes de mi corazón, que me sueña en el delirio y me alza sobre las nubes panzudas. Esa belleza como los cuerpos estáticos en el vuelo de las fascinantes libélulas... Como sus giros eléctricos y su reflejo fugas en la rivera ...
Me alimento de la belleza, pues seduce mis entrañas, pues la verdadera belleza va más allá que la que el mundo señala, que la que en vulgo reconoce ferviente...
Es aquella que te sobresalta, la que te sublima con su autenticidad y te descubre cuanto es de extraordinaria la vida.
J. Piris