06/11/2017
RECUERDOS INCRUSTADOS A UNA DESPEDIDA.
Dicen que cuando te mueres, ves toda tu vida pasar ante ti, como en una película de cine mudo, en blanco y negro o sepia, y se te hace un n**o en la garganta. Dicen también que cada vida, es muchas vidas agolpadas, una tras otra, ciclos que se repiten, con diferentes escenarios y diferentes compañeros de escena.
El escenario es un edicifio, casi siempre el mismo. Un edificio en una plaza céntrica de un pueblito de Madrid.
Por la calidad de los recuerdos, casi podría asegurar que los viviría otra vez o las veces que hicieran falta y eso que ya sabéis que no estoy a favor de la reencarnación, y en general me da mucha pereza esa frase de : juventud, quién la pillara.
Pero en estos recuerdos, siempre hay mucha gente, toda entremezclada, como subidos a un tio vivo,
o a un columpio de la plaza, y juegan todos juntos y se enfadan
como buenos amigos,
Son las 10 de la noche en verano y no quiero que nadie se vaya, y desde ahí alguien me acompañan a un sitio con muchas ventanas, y cuatro columnas en el centro y me dan vueltas en una silla de oficina, y me cuentan un chiste de los de se abre el telón y salen dos camilleros a buen ritmo 123-12, y se confunden y me confunden y nos reímos hasta llorar, y nos reímos por no llorar.
Toda la gente que me rodea es joven y contagiosa, y cree en las buenas acciones hechas sin cobrar, tienen una vocación de servicio público que flipo.
Hay una habitación en ese edificio en la que entran más gente de la que se espera, como una pecera, siempre entra alguien más, y nunca nada es imposible, y generalizo más de la cuenta y me pienso que todo el monte es orégano, pero los días son muy largos y dan para mucho.
Me llevan a cortilandia (que no navilandia ), son muy de celebrarlo todo, como google, se disfrazan siempre que pueden y dejan todo lleno de trapos y pelucas (que no películas) que aparecen hasta en el microondas y las tengo que recoger. Han puesto de moda la palabra "merienda". Me pegan canciones que no me gustan y me las aprendo de memoria. Les pego canciones que no les gustaban, como venganza y se vuelen himnos y todo es totus floreo.
Se les ocurren cosas rarísimas como subirse a hacer teatro a un tractor, o comerse las 12 uvas en verano, como con una necesidad de darle la vuelta a las cosas. Y de pronto uno me muerde un pie, con mi zapato de ante marrón que visualizo a la perfección, y nitidamente me viene a la cabeza el día que perdí los domingos, que qué tendrá que ver con los discos de vinilo o con los artistas conceptuales, hago como un memorandum de palabras clave que sólo esta gente entiende, y nos reímos con las manos en la barriga abriendo bien el diafragma, como Monserat Caballé que no estaba mu**ta y probablemente tampoco de parranda, nos sobrevuelan mariposas parlanchichichis, utilizamos el cartón para todo y nada es tan maravilloso como el hombre.
Fotos, paseos, campo, velas, pinceles, escenarios, patacas novas, excursiones sorpresa que no llevan a ningún sitio.
Me han llamado Ruth tantas veces que ya es mi segundo nombre.
No sé si he aprendido algo, no estoy para valorarlo,
lo único que sé es que tengo un montón de recuerdos incrustados en esta despedida.
Rebeca Figueroa (Educadora de La Casa de la Juventud de Villarejo durante estos 4 años de proyecto)