12/09/2026
La serie biográfica de Rigo tiene 98 capítulos… y este verano los vimos juntos con mi hija.
Más que ver una serie, fue una oportunidad para acercarla a sus raíces, a Colombia, a su cultura y a una forma de hablar que también cuenta quiénes somos.
Entre capítulos aparecieron palabras y dichos que para ella tenían un significado especial: “¡Qué berraquera!”, “¡No sea pendejo!”, “¡Hágale pues!”… expresiones que le resultaban familiares, que la hacían identificarse y que nos llevaron a hablar de nuestro lenguaje, nuestras costumbres y nuestra manera tan particular de expresar emociones.
Y como terapeuta, me parece fascinante observar lo que ocurre cuando acompañamos a nuestros hijos a mirar estos contenidos. Pudimos analizar juntas a los personajes, sus comportamientos, sus decisiones, sus fortalezas, sus errores, sus vínculos y sus emociones. Y pude preguntarle: ¿Tú qué hubieras hecho? ¿Qué admiras de él? ¿Qué no te gusta? ¿Qué aprenderías de esta historia?
No se trata de decirles qué pensar. Se trata de enseñarles a pensar, cuestionar, crear y encontrar sus propios referentes.
Y entonces ocurrió algo precioso: mi hija no se quedó solamente con la historia de Rigo. La convirtió en inspiración.
A sus 12 años decidió crear sus propias redes y comenzar su propio emprendimiento, descubriendo que las redes también pueden ser un espacio para crear, aprender, comunicar y perseguir un sueño.
Porque quizá educar emocionalmente también sea esto: sentarnos a su lado, compartir una historia, reírnos de un “no sea pendejo”, emocionarnos con un “¡qué berraquera, mija!” y después preguntarle:
“¿Y tú? ¿Qué sueño quieres empezar a construir?”