18/04/2025
"Llanto sobre Cristo mu**to". Óleo sobre lienzo 73x92 cm.
El conjunto escultórico de la Piedad de Francisco Giralte, en la Capilla del Obispo de Madrid, es una de las obras cumbre del Renacimiento español. Encargado por el obispo Gutierre de Vargas y concluido hacia 1550, este retablo plateresco —tallado en ciprés, estofado en oro y policromado— refleja la maestría del escultor, discípulo de Alonso de Berruguete.
En el centro del retablo, en la calle principal, se alza el altorrelieve del Llanto sobre Cristo mu**to, estructurado en dos planos. En primer término, la Virgen, sentada con el cuerpo inerte de su Hijo, remite a la iconografía tradicional de la Piedad. La acompañan San Juan y una expresiva Magdalena envuelta en ricos pliegues. En un plano posterior, las figuras de María Salomé y María Cleofás, junto a José de Arimatea y Nicodemo, completan el grupo, envolviéndolo todo en una atmósfera de recogimiento. La composición, vertical, densa y abigarrada, marcada por un acusado horror vacui, combina la intensidad expresiva del gótico final con la elegancia y equilibrio del Renacimiento.
Inspirado por esta poderosa obra, he querido trasladar la escena al lienzo reinterpretándola en óleo, con un lenguaje pictórico más colorido y expresivo. A diferencia de los tonos sobrios de la escultura original, en esta versión el cromatismo cobra protagonismo e intensifica la carga emocional, donde el color trasciende lo físico para convertirse en luz espiritual. El óleo transforma la rigidez de la madera en materia viva, otorgando a las figuras no solo volumen y movimiento, sino una dimensión trascendente, donde lo humano se eleva hacia lo divino.
Los pliegues de las vestiduras fluyen con un movimiento casi líquido, como una cascada de color que desciende desde las figuras del fondo hasta el manto de la Virgen, transformado en un manantial sereno que acoge el cuerpo de Cristo. Las telas, con sus tonos rojizos, azulados, anaranjados y dorados, vibran como llamaradas de fuego, elevando la escena hacia una dimensión espiritual encendida por el dolor y la esperanza. Este dinamismo cromático y textil no solo aporta profundidad al conjunto, sino que refuerza su sentido, como si el dolor compartido se deslizara, pliegue a pliegue, hasta culminar en el gesto silencioso de María. El cuerpo de Cristo, modelado con gran naturalismo, se convierte así en el punto de fuga emocional y visual de toda la escena, mientras que el fondo oscuro lo envuelve todo con la solemnidad de un altar en penumbra.
Esta obra nació como fruto de un periodo personal en el que la contemplación del retablo se convirtió en un manantial de paz, silencio y encuentro profundo. Durante ese tiempo, tuve la fortuna de pasar muchas horas en la Capilla, observando detenidamente cada detalle del retablo, repasando los relieves, hasta que, inevitablemente, mi mirada se detuvo en la Piedad de Giralte.
Mi intención no ha sido solo rendir homenaje a la magistral talla original, sino también actualizar su mensaje a través del óleo, haciendo visible, como en una aparición mística, el momento más conmovedor de la Pasión.
Hoy, en este Viernes Santo, al recordar la muerte y Pasión del Señor, deseo presentar esta obra que trasciende el tiempo. Más que una simple reinterpretación, se trata de una contemplación, plasmada por pinceles y colores.
Porque el arte sacro, como bien sabemos, no solo decora, sino que revela el Misterio.
Historias Matritenses
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