30/05/2026
En esta escultura, Helena Aikin hace emerger una presencia femenina del corazón mismo de un tronco de olivo. La figura, de líneas delicadas y envuelta en una forma que evoca un manto, parece surgir de la madera conservando sus vetas y su memoria. Aunque carece de rostro, su presencia es inconfundible: erguida ante nosotros, transmite una postura serena que invita al encuentro. La calidez de la materia y la suavidad conviven con una fortaleza silenciosa, revelando una feminidad capaz de expresar, al mismo tiempo, fragilidad, arraigo y firmeza.
Helena Aikin
Nuestra señora del Olivo. Madera. 53cm x 17cm x 16cm.