31/08/2026
Aquí, haciendo como que lo tengo todo clarísimo...
Hay días en los que una idea no sale.
Ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera.
Y ahí aparece rápido el famoso síndrome del impostor.
Pero también he aprendido que un mal día creando no significa demasiado. A veces solo hace falta cambiar de tarea, darle un poco de aire y volver con otra mirada.
Y creo que esto nos pasa a muchos cuando trabajamos por nuestra cuenta, creamos, emprendemos o simplemente llevamos demasiado tiempo sin parar de verdad.
Porque llegar hasta proyectos bonitos no ocurre de un día para otro. Detrás hay años de trabajo, constancia, perseverancia y horas que parecen infinitas.
Y sí: dedicarse al arte también es un trabajo.
Aunque todavía a veces se mire como si pintar fuera simplemente “hacer lo que te gusta”.
Y claro que me gusta. Muchísimo.
Pero detrás de una obra hay muchas más cosas: crear, estudiar, decidir, probar, producir, gestionar, comunicar, resolver… y todo eso que normalmente no aparece en una foto bonita.
Que algo te apasione no significa que no te canse.
Y agosto, al menos para mí, tampoco es el mes más fácil para concentrarse.
El verano, los horarios raros, seguir trabajando mientras todo alrededor parece ir a otro ritmo… y la cabeza queriendo estar en quince sitios a la vez....
Así que, visto desde este último día de agosto, me quedo con algo bastante sencillo:
cuando no sale, quizá lo más inteligente no sea apretar más.
Parar un momento.
Cambiar de cosa.
Darle aire.
Y seguir.
Me lo apunto para la próxima.
Y si también estás terminando agosto con esa sensación de necesitar un poco más de foco, de orden o simplemente de aire, creo que no somos pocos.
Gracias, agosto.
Seguimos.
Septiembre, ready 💐