16/01/2017
El Fender Precision fue el primer bajo eléctrico comercialmente viable de la historia, y debe su nombre a que está provisto de trastes, permitiendo una ejecución precisa sin necesidad de invertir años de estudio para lograrlo, a diferencia del contrabajo, allá por 1951.
No hace falta decir que esto supuso una revolución en la técnica de ejecución del bajo, en su sonido y en su papel dentro de las bandas, y por extensión en la música popular.
Mucho tiempo después, sobre todo a partir de Jaco Pastorius, se popularizó el bajo "fretless", es decir un bajo eléctrico sin trastes. Se sacrifica la precisión de los trastes por una mayor capacidad expresiva del instrumento, eso sí, aumentando mucho la dificultad de ejecución.
Así, no es raro hoy día que un bajista rescate un viejo bajo que ya no usa, aquél tan barato con el que empezó, por ejemplo, y le saque los trastes para adentrarse en este mundo. Y yo lo recomiendo sin duda. La cosa es sencilla: con unos alicates de corte, mucho cuidado y paciencia, van saliendo uno a uno y luego es cuestión de rellenar las ranuras con pasta, cera o láminas de madera... Y a tocar...
O no? Pues... no tanto.
Si tenemos suerte, el mástil no está deformado y el diapasón queda recto, no será difícil ajustar la altura del puente para lograr una acción cómoda. Así lo hacemos, medimos la altura de las cuerdas sobre el traste 12, vemos que está aceptable y que no hay "trasteos" a lo largo del diapasón. Ok, entonces, por qué cuesta tanto pisar las cuerdas? Por qué están tan y tan duras?
Los trastes suelen tener una altura de 1 mm, más o menos. La altura de la cejilla se ajusta para que las cuerdas salgan a una altura ligeramente superior a los trastes (una décimas de mm más). ¿Qué pasa cuando quitamos los trastes? Pues que hemos aumentado la altura de la cejilla en 1 mm. Aclaro: un milímetro puede parecer una ridiculez, pero en luthiería es una medida muy grande, y si hablamos de nivelado de trastes o de diapasón, inaceptable.
Y ahí está el problema y la solución: hay que bajar la cejilla.
Con eso ya tendremos un instrumento tocable. Si luego queremos conseguir ese sonido característico que parece que "llore", entonces ya hay que afinar mucho y posiblemente rectificar el diapasón. Pero bueno, eso ya es otra historia.
El caso es que hace poco he arreglado un par de bajos que tenían exactamente el problema que he descrito (y algún otro que comentaré)...
De uno de ellos olvidé tomar fotos (disculpa, Oriol Morelló Calafell), para el reportaje hablaré del de Josep Ramon Jové.