Gabriel G. Rancel González

Gabriel G. Rancel González Gabriel G. Rancel González

18/08/2026

Justo hoy 18 de Agosto pero el de 1936, asesinaron el único y genial Federico García Lorca

A LORCA

A Lorca lo asesinaron.
Mataron a un hombre bueno,
pero sus versos quedaron.

Van de cerebro en cerebro.
Sus versos cruzan los mares.
Sus versos van con el viento.
Son risas primaverales.
Son cantares.
Son talentos que nunca podrán matar
los dueños del odio eterno.

Con tanto amor y dulzura
que el poeta dejó en sus versos,
para el odio es una cárcel.
El odio se queda preso.

A Lorca lo asesinaron.
Mataron a un hombre bueno,
que escribió poesías
para corazones tiernos.

Los poetas nunca mueren
si están en muchos cerebros,
y si de amor y dulzura
rebosan sus lindos versos.

A Lorca lo asesinaron,
pero Lorca no está mu**to,
porque hay mucha gente buena
que lee y canta sus versos.

A Lorca lo asesinaron,
pero cuánto, cuánto odio hay preso
por la grandeza de sus versos.

10/08/2026

ECLIPSE DE SOL

Eran las doce del día,
pero se oscureció,
y escuché que alguien decía:
«Esto es un clic de sol».
Aparentaba la noche,
hasta una estrella brillaba.
Tenían miedo los hombres
y alguna mujer lloraba.
Porque nunca habían visto,
al peso del mediodía,
de las estrellas el brillo
y la tierra oscurecida.
Niños atemorizados,
con los ojos hacia el cielo,
preguntándose qué ha pasado,
por qué el sol se hace pequeño.
Algún balido de cabra,
algún ladrido de perro,
algunos gallos cantaban
y, al mismo tiempo, el silencio
de quienes no decían nada.
Qué difícil comprender
lo que nadie te explicaba;
qué triste fue no saber
lo que nuestro sol pasaba.
Son cosas del sur de ayer,
un sur preso por la ignorancia.
Carcelero fue el poder;
hablo de quienes gobernaban.
Como el sur estaba pobre,
para otra parte miraban.
A mí me hace suponer
que al poder le interesaba,
porque un pueblo pobre en saber
mucho más fácil se le engañaba.

ECLIPSE DE SOL

Esta poesía está en la página 51 de A mi gente campesina.

Yo era un niño cuando ocurrió aquel eclipse. Estábamos en los bebederos, junto al tanque de beber. Había otros dos niños conmigo; éramos tres. Vimos cómo el sol se iba haciendo pequeño. Alguien había dicho que había un «clic de sol», pero nosotros no sabíamos qué era. No había radio ni nadie que nos explicara nada.

No apartábamos la vista del sol porque nadie nos había advertido que era peligroso mirarlo directamente. Solo dejábamos de mirar cuando ya no podíamos más y se nos nublaba la vista.

No recuerdo en qué año ocurrió. Era mediodía y la gente regresaba para comer. Vimos a las cabras correr hacia el corral mientras balaban, a los perros ladrando y a los gallos cantando. Miramos al cielo y se veían dos estrellas: una con mayor claridad que la otra. Todo parecía cambiado y la gente estaba asustada, preguntándose qué estaba pasando.

Aquí el eclipse fue muy fuerte. Oscureció tanto que tuvimos que encender el quinqué para poder comer. Muchas personas relacionaban aquella oscuridad con el fin del mundo, porque no tenían información ni medios para comprender lo que estaba sucediendo.

Al día siguiente se fue sabiendo lo que había ocurrido. Tiempo después, cuando llegaron las radios, hubo otro eclipse de sol, aunque no fue tan intenso. En la radio explicaron que era peligroso mirar directamente al sol, pero muchas personas entendieron que el eclipse en sí era dañino.

Por eso, muchos hombres decidieron no salir a trabajar. Mi tío Antonio subió para preguntarles por qué no iban y le respondieron que había un clic de sol y que decían que aquello era malo. Entonces mi tío Antonio contestó:

«El que va lo gana y el que no, clic».

Creo que aquel día la mitad de los hombres no fue a trabajar. Lo curioso fue que trabajaron durante el eclipse más fuerte y, posteriormente, cuando ya existía la radio, muchos no fueron porque entendieron mal la información: lo peligroso era mirar directamente al sol.

Esta página está realizada por el colectivo cultural Patrimonio Sur , en colaboración con Don Gabriel Rancel.

10/08/2026

Agoniza

el árbol, también la era.
Hablando de historia están,
de la época aquella,
de la lucha en esta tierra,
de hambre, sudor y sangre
para conseguir el pan.
Estas dos historias vivas,
si alguien no lo remedia,
también pronto morirán,
para luego fabricar
viviendas para turistas.
Ese es el punto de vista
de la gente poco lista,
porque un pueblo sin historia,
sin pasado, sin memoria,
es un pueblo que agoniza.

Esta página está realizada por el colectivo cultural Patrimonio Sur , en colaboración con Don Gabriel Rancel.

16/07/2026

A veces los problemas más grandes comienzan con los gestos más pequeños.
Un simple corchito de plástico parece insignificante, pero cuando termina en el suelo acaba convirtiéndose en miles de diminutas partículas que permanecen durante años en el lugar donde vivimos, respiramos y juegan nuestros hijos.
Esta poesía nace del cariño por nuestro barrio y de la convicción de que la convivencia también se demuestra cuidando los espacios comunes. No pretende señalar a nadie, sino recordarnos que cada uno de nosotros puede formar parte de la solución.
Porque un barrio limpio no depende solo de los servicios de limpieza; depende, sobre todo, del respeto de quienes lo habitamos.
Si todos ponemos de nuestra parte, construiremos un lugar más saludable, más bonito y más humano para las generaciones que vienen detrás.

**Nuestro barrio**

Esos corchitos de plástico parecen inofensivos,
pero son muy agresivos
para todos los seres vivos
que los estamos respirando.

Qué fácil sería tirarlo
dentro del contenedor,
un gesto sencillo,
una admirable labor
de un ciudadano solidario.

Pero los vemos a diario
tirados por nuestras calles,
nuestras plazas,
nuestros parques,
esparciendo los dañinos microplásticos
que respiramos en nuestro barrio.

Si a ti no te importa nada,
a los demás sí nos importa.
No queremos respirar
el plástico que tú botas.

Si no sabes convivir
en el barrio con tus vecinos,
constrúyete un goro lejos
y vive como un cochino.

Para quien no sabe convivir,
ese es el mejor destino.
Aprenderás a gruñir
y, algún día, a ser un buen vecino.

Y cuando vuelvas al barrio,
con amor te recibimos.

Donde hay buena convivencia,
siempre florece el cariño.

Si todos colaboramos,
si colaboramos todas y todos,
no existe un barrio mejor
que nuestro barrio, en Arona.

EL CARDÓN QUE SE QUEDÓHoy quiero hablar de uno de esos gestos sencillos que dicen mucho más que mil discursos.En medio d...
13/07/2026

EL CARDÓN QUE SE QUEDÓ

Hoy quiero hablar de uno de esos gestos sencillos que dicen mucho más que mil discursos.
En medio de una platanera, su propietario decidió conservar un cardón. Podía haberlo arrancado para ganar un poco más de terreno, ampliar la producción y aprovechar cada palmo de tierra. Sin embargo, prefirió dejarlo allí, vivo, firme y antiguo, como parte del paisaje al que pertenece.
Ese cardón no es una planta cualquiera. Su ADN es propio de esta tierra canaria. Forma parte de nuestra identidad, de nuestra memoria natural y del equilibrio de un territorio que ya existía mucho antes que nosotros.
El dueño de aquella platanera entendió algo fundamental: el respeto a una vida vale más que unos metros más de cultivo. Comprendió que producir no tiene por qué significar destruir y que también se puede trabajar la tierra dejando espacio para aquello que le da alma.
Es un caso particular, pero merece ser reconocido y honrado, porque no todo el mundo piensa de esa manera. Muchas veces se arranca primero y se pregunta después. Y, lo que resulta aún más grave, en demasiadas ocasiones son los propios organismos públicos, que deberían dar ejemplo, los primeros en ignorar o vulnerar las leyes destinadas a proteger nuestro medio natural.
Por eso quiero destacar este gesto. Porque conservar un cardón no es dejar un obstáculo en medio de una finca. Es respetar una vida, proteger una especie y defender un pequeño símbolo de lo que somos.
Ojalá hubiera más propietarios con esa conciencia y más instituciones capaces de aprender de ellos.

La tierra no nos pertenece. Nosotros pertenecemos a ella.

Esta página está realizada por el colectivo cultural Patrimonio Sur , en colaboración con Don Gabriel Rancel.

20/06/2026
20/06/2026

Hoy tuve la satisfacción de participar en una bonita jornada organizada por el proyecto Tazirga, una iniciativa que invita a las personas a reencontrarse con la naturaleza, con el territorio y con aquellos conocimientos que durante generaciones formaron parte de la vida cotidiana de nuestros mayores.

Fue una experiencia muy gratificante compartir este encuentro con un grupo de personas que mostró en todo momento respeto, interés y ganas de escuchar. Durante la mañana pudimos acercarnos a algunos de los sonidos y formas de comunicación que utilizaron nuestros antepasados, de la mano de los compañeros de la Asociación Cultural Patrimonio Sur, que realizaron una interesante charla-taller sobre el lenguaje silbado, el lenguaje buciado, el Juego del Palo Canario, el Salto del Pastor y otras manifestaciones de nuestro patrimonio cultural.

Por mi parte, tuve la oportunidad de hablar sobre la importancia de la transmisión oral, de esos conocimientos que pasaban de boca en boca cuando todavía no existían las prisas de hoy. Recordamos la sabiduría de nuestros mayores, el valor de las parteras, el esfuerzo de tantas mujeres y hombres que levantaron este Sur de Tenerife con trabajo, sacrificio y dignidad, y también reflexionamos sobre la necesidad de mantener el respeto por la naturaleza y por el entorno que nos rodea.

Siempre he creído que la tierra habla, que los barrancos, los caminos, las montañas y el mar guardan la memoria de quienes nos precedieron. Escuchar esa memoria es una forma de comprender quiénes somos y de valorar el legado que hemos recibido.

La jornada terminó compartiendo juegos tradicionales e inteligencia canaria con los más pequeños, demostrando que la cultura sigue viva cuando se transmite con cariño, participación y entusiasmo.

Quiero agradecer a Patrimonio Sur y aTazirga la invitación y felicitar a todas las personas participantes por su interés y sensibilidad. Encuentros como este nos recuerdan que nuestras raíces siguen vivas y que aún tenemos mucho que aprender de ellas.

Un abrazo para todos.
Gabriel Rancel
Poeta de Punta Rasca

A veces siento que el Sur que conocimos se nos va escapando poco a poco entre el cemento, las prisas y el olvido. Por es...
18/05/2026

A veces siento que el Sur que conocimos se nos va escapando poco a poco entre el cemento, las prisas y el olvido. Por eso sigo escribiendo, recordando y hablando de la tierra, de la gente humilde, de los caminos, de los animales, del mar y de las costumbres que nos hicieron quienes somos.

Este artículo recoge parte de mi forma de mirar la vida y de entender la poesía: una poesía nacida del pueblo, de la experiencia y de la memoria de nuestros mayores. Porque un pueblo que olvida sus raíces corre el riesgo de quedarse vacío por dentro.

Gracias a quienes todavía creen en la cultura popular, en la palabra sencilla y en la necesidad de conservar nuestra identidad. Mientras quede alguien que recuerde y cuente, la memoria seguirá viva.

Les comparto esta entrevista realizada por Periodismo ULL:

Gabriel Rancel González es uno de los últimos poetas populares de Canarias. Su pasado jornalero y su amor por la naturaleza lo convierten en una persona sensible, que siente la necesidad de expresar al mundo sus pensamientos. Sus poemas están muy arraigados a la vida cotidiana de la gente campesi...

22/04/2026

Patrimonio Sur visitó el CEIP Los Abrigos con motivo de la celebración del Día del Libro, en una jornada de colaboración con la comunidad educativa.

Nos acompañó Don Gabriel Rancel, el Poeta de Punta Rasca, quien donó su último libro de poesías a la biblioteca del centro. Además, compartió con el alumnado la recitación de varios de sus poemas, destacando una reflexión muy significativa: todos somos emigrantes. Explicó cómo él mismo se siente así, al percibir que el paso del tiempo ha transformado profundamente el lugar donde nació, hasta el punto de parecerle un sitio distinto.

Durante su intervención, también abordó temas esenciales como la importancia del agua, el respeto por el entorno —animando a ser “gente 10” y no tirar basura—, y el valor de las abejas y de la naturaleza que nos rodea.

La jornada estuvo acompañada por Bruno y Daniel, quienes dinamizaron la actividad interactuando con los niños y niñas a través del lenguaje silbado, despertando curiosidad y participación.

Uno de los momentos más especiales fue la participación del alumnado en el proyecto de memoria oral. Los niños y niñas realizaron entrevistas a sus familiares (abuelas, madres, etc.) a partir de un cuestionario etnográfico, generando un valioso diálogo intergeneracional. En estas conversaciones recogieron información sobre tradiciones, costumbres, toponimia, vivencias, cuentos, poesías y recetas familiares.

Como reconocimiento a este trabajo, se entregó al alumnado un libro con la transcripción de sus entrevistas, organizado por apartados y temáticas. Para muchos, se trata de su primer libro, que podrán presentar en el propio centro durante la semana del Día del Libro.

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