10/08/2026
ECLIPSE DE SOL
Eran las doce del día,
pero se oscureció,
y escuché que alguien decía:
«Esto es un clic de sol».
Aparentaba la noche,
hasta una estrella brillaba.
Tenían miedo los hombres
y alguna mujer lloraba.
Porque nunca habían visto,
al peso del mediodía,
de las estrellas el brillo
y la tierra oscurecida.
Niños atemorizados,
con los ojos hacia el cielo,
preguntándose qué ha pasado,
por qué el sol se hace pequeño.
Algún balido de cabra,
algún ladrido de perro,
algunos gallos cantaban
y, al mismo tiempo, el silencio
de quienes no decían nada.
Qué difícil comprender
lo que nadie te explicaba;
qué triste fue no saber
lo que nuestro sol pasaba.
Son cosas del sur de ayer,
un sur preso por la ignorancia.
Carcelero fue el poder;
hablo de quienes gobernaban.
Como el sur estaba pobre,
para otra parte miraban.
A mí me hace suponer
que al poder le interesaba,
porque un pueblo pobre en saber
mucho más fácil se le engañaba.
ECLIPSE DE SOL
Esta poesía está en la página 51 de A mi gente campesina.
Yo era un niño cuando ocurrió aquel eclipse. Estábamos en los bebederos, junto al tanque de beber. Había otros dos niños conmigo; éramos tres. Vimos cómo el sol se iba haciendo pequeño. Alguien había dicho que había un «clic de sol», pero nosotros no sabíamos qué era. No había radio ni nadie que nos explicara nada.
No apartábamos la vista del sol porque nadie nos había advertido que era peligroso mirarlo directamente. Solo dejábamos de mirar cuando ya no podíamos más y se nos nublaba la vista.
No recuerdo en qué año ocurrió. Era mediodía y la gente regresaba para comer. Vimos a las cabras correr hacia el corral mientras balaban, a los perros ladrando y a los gallos cantando. Miramos al cielo y se veían dos estrellas: una con mayor claridad que la otra. Todo parecía cambiado y la gente estaba asustada, preguntándose qué estaba pasando.
Aquí el eclipse fue muy fuerte. Oscureció tanto que tuvimos que encender el quinqué para poder comer. Muchas personas relacionaban aquella oscuridad con el fin del mundo, porque no tenían información ni medios para comprender lo que estaba sucediendo.
Al día siguiente se fue sabiendo lo que había ocurrido. Tiempo después, cuando llegaron las radios, hubo otro eclipse de sol, aunque no fue tan intenso. En la radio explicaron que era peligroso mirar directamente al sol, pero muchas personas entendieron que el eclipse en sí era dañino.
Por eso, muchos hombres decidieron no salir a trabajar. Mi tío Antonio subió para preguntarles por qué no iban y le respondieron que había un clic de sol y que decían que aquello era malo. Entonces mi tío Antonio contestó:
«El que va lo gana y el que no, clic».
Creo que aquel día la mitad de los hombres no fue a trabajar. Lo curioso fue que trabajaron durante el eclipse más fuerte y, posteriormente, cuando ya existía la radio, muchos no fueron porque entendieron mal la información: lo peligroso era mirar directamente al sol.
Esta página está realizada por el colectivo cultural Patrimonio Sur , en colaboración con Don Gabriel Rancel.