25/06/2025
HERNÁN RODRIGUEZ, CONQUISTADOR Y ENCOMENDERO EN POPAYÁN
El eco de las gestas que estaba protagonizando Sebastián Moyano en América, animó a muchos jóvenes de Belalcázar a embarcarse para las Indias y ponerse a su servicio, como así nos lo relatan algunos testigos:
“…hará unos veinte años partiose dicho Hernán Rodríguez para las dichas Yndias con otros muchos hombres mancebos naturales y vecinos desta dicha villa (Belalcazar) y lo sabe porque también fueron dos hijos de este testigo en compañía del susodicho e todos partieron e fueron con el dicho capitán Belalcaçar…”.
Uno de ellos, como menciona el testigo, será Hernán Rodríguez, hijo de Rodrigo de Perea y Beatriz García La Morilla, nacido en Belalcázar en el primer cuarto del siglo XVI, y que junto a otros jóvenes de la localidad se embarcarán hacia la gobernación de Popayán, en las Indias Occidentales, llamados por su paisano Sebastián Moyano. A las órdenes del Capitán Belalcázar participará en expediciones y batallas por tierras del Perú y Popayán, y con los años, y en recompensa a sus servicios a la Corona, le será otorgada una encomienda en la recientemente fundada villa de Caramanta, en la provincia de Popayán, asignándole una cierta cantidad de indios. En Caramanta será uno de los fundadores de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, de la que llegará a ocupar el cargo de mayordomo.
De su relación con la indígena Inés nacerá su único hijo reconocido, Hernandillo Rodríguez, quien será el gran beneficiado en su testamento, que dictará un 14 de abril de 1556:
“Ytem mando que de mis bienes se de a Hernandillo mi hijo y de Ynes natural de estas provincias, cuatrocientos pesos de buen oro…, más las casas y estancias y tierras que yo tengo e poseo en esta villa de Caramanta…”
Además de Hernandillo, Hernán Rodríguez sospecha que también pudiera ser padre de Luisico, hijo de Inés, y de Isabelica y Juanico, hijos de su criada Isabel de Quimbaya, y a todos ellos, también mencionará en su testamento, legándoles una cierta cantidad de pesos de oro.
Tampoco se olvidará de su pueblo natal a la hora de hacer testamento, y además de enviar a sus hermanos Francisco Morillo y María de Perea, varios cientos de pesos de oro, asignará diferentes cantidades dinerarias para que se hagan un millar de misas, en su nombre y para la salvación de su alma, en la parroquia de Santiago el Mayor, la de Nuestra Señora del Castillo, el Convento de Padres Franciscanos y el de Santa Clara de la Columna “…por descargo de mi conciencia que en defensa de Dios nuestro señor hice la guerra en estas partes de las Yndias contra los naturales dellas…”.
También legará diez mil maravedíes para que pueda casarse una huérfana, en la villa de Belalcázar, de las más pobres de su linaje, y otra cantidad para vestir a cuatro pobres de la localidad con paño blanco, sayas, calzas, camisas y bonetes. Otros treinta pesos de oro irán destinados a rescatar a un cautivo en tierra de moros.
Como su hijo Hernandillo es menor, nombra a su cuñado Miguel de Medina, casado con María de Perea, su tutor y curador, para que administre por él su hacienda, que además de las tierras y los indios, incluye treinta y tantas cabezas de vacas, otras tantas cabezas de cabras, algunos bueyes y quince esclavos negros, entre hombres y mujeres.
Carlos Mora Mesa
* AGI//CONTRATACION,199,N.25