08/10/2026
No todos los experimentos necesitan un laboratorio. Algunos solo necesitan a alguien dispuesto a obedecer.
En 1967, un profesor llamado Ron Jones quiso enseñar a sus alumnos cómo una sociedad podía llegar a aceptar el autoritarismo.
Lo que comenzó como una sencilla dinámica de clase terminó convirtiéndose en una demostración inquietante del poder que pueden ejercer la pertenencia a un grupo, la disciplina y la obediencia.
Y quizá lo más interesante de esta historia no sea preguntarnos cómo pudieron dejarse llevar aquellos adolescentes.
Sino preguntarnos qué habríamos hecho nosotros en su lugar.
Porque nos gusta pensar que seríamos quienes levantarían la mano, quienes cuestionarían las órdenes, quienes se negarían a seguir al grupo.
Pero ¿cuántas veces confundimos pertenecer con obedecer?
💬 Te leo: ¿crees que algo parecido podría ocurrir hoy?
Las historias son solo la excusa. 🐉