02/10/2024
VOLVER A LAS FUENTES
Nuestra vida es la actualización de una larga evolución cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Nuestra vida está en perpetua transformación, transformación que se realiza en el tiempo, con una parte de invariabilidad que caracteriza al individuo: un individuo sigue siendo él mismo, pero nunca es él mismo. La causalidad y su corolario el determinismo es una ley reconocida universalmente en el dominio de la física newtoniana: se parte de una situación dada, constituida por estados, cada estado engendra efectos rigurosamente determinables en un futuro que es su consecuencia directa, es decir que este futuro está incluido en el pasado y condenado por él. Pero la física cuántica ha tenido que añadir la noción de probabilidad, y contra ella se levantan fuertes conjeturas cuando se trata de aplicarla al dominio psíquico. En efecto, la conciencia oscura al principio y la inteligencia lúcida después, que operan la abertura hacia el exterior en perjuicio de las fuerzas egóticas replegadas sobre ellas mismas, intentan escapar de una fatalidad mecánica y franquear las leyes que rigen la materia y los estados inferiores (instintivos e impulsivos) de la conciencia. La vida despierta la energía y la coordina en el sentido que le da el hombre, según su percepción de los valores. La elección pone ya las premisas de su libertad: contra más se libera la elección de las exigencias del ego, más libertad aparece, y más improbable se vuelve la acción del hombre. Esta facultad de elegir es la acción de la libertad. Esta libertad manifiesta la abertura total de la conciencia al orden cósmico, de manera que, por último, sujeto y objeto, conciencia individual y conciencia cósmica no estarán ya diferenciados. La elección se niega entonces a sí misma, tomando el aspecto de todas las posibilidades y extendiéndose hasta el infinito.
No obstante, la fuerza de los elementos determinantes anteriores (efectos del karma pasado) supera a menudo en intensidad a la fuerza de justicia moral presentida a través del orden cósmico y empuja al hombre a la derrota frente a las fuerzas subconscientes que le gobiernan en su ignorancia. La ignorancia de la verdadera naturaleza de la existencia, la incomprensión de las causas anteriores y subconscientes, constituyen el principal factor de derrota. Esta ignorancia es llamada avidya en sánscrito y mumyo en japonés. La cesación de la ignorancia lleva a la liberación del peso del karma pasado. Entonces surge la verdadera sabiduría en nuestro espíritu, inconsciente, natural, automáticamente, a través de la experiencia de zazen. La consciencia personal se vuelve reflexión absoluta, la comprensión total de todos los fenómenos y del más allá de los fenómenos surge a a la luz. La razón científica y objetiva y la conciencia espiritual subjetiva se vuelven entonces complementarias.
Una sola causa no produce un solo efecto. Numerosas causas crean numerosos efectos. Nuestro cuerpo no es tan simple, es muy delicado. Si se es demasiado nervioso, el estómago siente la influencia y, a su vez, influenciará al cerebro. Si el hígado no está en buen estado, la cólera aparece a menudo. El bazo ayuda al hígado y a los riñones. Si el bazo está en mal estado, estos dos órganos se debilitan. Si una persona se encoleriza a menudo, su hígado pierde fuerza. Si la vesícula está en mal estado, los riñones lo estarán también. Los riñones enfermos influencian el corazón. El corazón enfermo influencia los riñones. La enfermedad de los riñones se propaga a la vesícula. Todos los órganos internos son interdependientes. Si uno de ellos está enfermo, todos se degradan. Es nuestro punto débil el que nos hace caer enfermos. En la época moderna, el estómago y los intestinos, interdependientes con el corazón, están particularmente en mal estado. Comemos demasiado. El estómago se envenena y pierde su actividad, lo cual influye sobre la acción de los intestinos. La circulación de la sangre se degrada en los intestinos. La sangre sucia se convierte en veneno.
Durante zazen podéis comprender no solamente vuestro espíritu, sino también podéis sentir vuestro cuerpo. Si vuestro estómago no está en buen estado. vuestro aliento no será muy fresco o tendréis dolor en el estómago. Si vuestros pulmones son débiles y estáis acostumbrados a vivir en una habitación caldeada, el hecho de respirar aire fresco os hará toser. Tenemos que comprender la importancia de la interdependencia. No solamente en el cuerpo sino en todas las cosas. En sånscrito causa se dice hetu que significa "progreso." Y efecto, phal, significa "fruto". La mayoría de los filósofos de los intelectuales, de los científicos parten siempre de la causa que engendra un fruto, un efecto. Pero en nuestra vida cotidiana no sucede así. Hay numerosas causas y numerosos efectos, y a partir de los efectos pueden producirse nuevas causas. La vida real es así. La realidad de nuestra vida cotidiana en la sociedad, entre marido y mujer, en nuestra familia, es siempre una interacción. Si uno no va bien, el otro también va mal. Esta relación no es una causa al principio y un efecto después, sino una relación mutua de interdependencia.
El amor es la realización de una muy delicada relación de interdependencia. Si solamente es unilateral, no es el verdadero amor. A veces un hombre ama a una mujer. Si esta mujer responde a su amor él se apasiona aún más y la mujer huye. A veces el hombre ama, la mujer huye, pero si el hombre huye también, la mujer corre detrás de él. Si no comprendéis esta relación mutua, esta interdependencia, no podréis resolver el problema de vuestra vida cotidiana.
Durante zazen, nuestra vida no existe solamente por nosotros mismos, nuestra fuerza vital proviene de la energía cósmica, del poder cósmico que nos dirige. Durante zazen se puede sentirla. Esta experiencia es el satori. Se puede comprenderlo intelectualmente, pero hay que hacerlo desde el fondo del cuerpo y del espíritu.
Nuestra vida es una relación mutua entre el ego y todas las existencias del cosmos. No vivimos solos. Los egoístas no pueden comprenderlo. Por eso caen enfermos y no pueden curarse ni ser felices. Si se abandona el ego se obtiene mucho del poder de interdependencia.
Si una célula de nuestro cuerpo se vuelve cancerosa, combate las células frescas, sanas. Las células cancerosas se vuelen egoístas y luchan en el sentido opuesto, siempre contra... contra... Al final, se extienden por todo el cuerpo y matan las células sanas. Lo mismo sucede en nuestro mundo moderno.
Las gentes egoístas aumentan. Este es el origen de la crisis de la civilización.
Por la postura de zazen se puede recibir la verdadera energía cósmica. La actividad, la energía se manifiestan gracias a zazen. Esta energía puede ser obtenida del exterior, de las demás personas, de las demás existencias, todos juntos, en influencia mutua. (Esta energía que se refuerza mutuamente es llamada ki). En una chimenea, una sola leña no produce un gran fuego, pero si hay muchos leños, el poder del fuego será enorme.