28/06/2021
Volvemos con una nueva reseña de las mierders de Paco. A disfrutarla.
Allá por finales del 2005, o quizás principios del año siguiente, debido a una hernia de disco que me dejó varios meses bastante postrado a la par que aburrido, me vi arrastrado a indagar en la red en busca de nuevos horizontes jueguísticos.
Yo soy de esos viejunos que disfrutaron su infancia con los juegos de Cefa, que hoy en día no serían gran cosa, pero en aquellos años hacían volar nuestra imaginación con el Mago Mandrake y compañía. En el instituto le di al Heroquest y al Blood Bowl, e hice mis primeros pinitos en el mundo rol. Ya en época universitaria fue el Risk mi juego de cabecera.
Después de esto hubo una pausa: el trabajo, la separación del grupo de amigos de siempre, en fin, la vida, todo ello provocó una desconexión de los juegos de mesa. Los videojuegos dieron un paso adelante, ocupando el hueco que los otros habían dejado.
Pero no fue una desconexión completa, había algo que me llamaba desde el inframundo jueguil. Para anécdota contar que cuando me dejé caer por una tienda de juegos de Puertollano (allí las tiendas "frikis" apenas duraban abiertas, de vez en cuando inauguraban alguna, y a los pocos meses tenían que cerrar (exceptuando "La Comita", que otro día os contaré si tengo tiempo)). Fui a ver que se cocía, pedí consejo al dependiente, y me dirigió amablemente hacia el mundo Warrhammer, yo le di largas, y salí despavorido y decepcionado, ya conocía el Magic, del cual adquirí una baraja básica aconsejado por otro tendero friki, y bueno, está bien, pero siempre he tenido claro que los juegos "sacacuartos", donde te dejas la pasta para comprar cartas o miniaturas para poder ser competitivo, hay que huir de ellos como de la peste.
Yo seguía teniendo cierta intuición de que más allá del Magic y el WH puertollanero, tenía que haber algo. Y no fue hasta que apareció mi hernia, cuando descubrí el "Puerto Rico". No recuerdo exactamente como fue, pero llegue hasta una aplicación o web, donde se podía jugar online a este juego. A mí me pareció la hostia, ¿que era aquello?, y lo que es más importante, ¿cómo no lo había descubierto antes? Aunque me pegaban cada paliza, que me dejaban tiritando, me fascinó tanto, que incluso recuerdo anotar en una libretilla, estrategias con los distintos edificios.
Después del Puerto Rico, también jugué en red al Tigris&Euphrates, Catán, y algunos más, incluido el Clans, que es el juego del que he venido a hablar, más concretamente de su reimplementación "FAE".
Clans es un abstracto de Leo Colovini del 2002, ¡ya ha llovido!, en el cual unos clanes prehistóricos y sus chozas que son monísimas, se mueven por distintos tipos de terrenos con el afán de recabar puntos a cascoporro. Con el aliciente de que no conocemos que clanes manejan los distintos jugadores. Fue el primer juego que conocí de identidades ocultas, y me pareció una genialidad.
A parte de aquellas partidas iniciales, no volví a jugarlo desde entonces. Aquellos primeros descubrimientos pronto fueron sepultados por una avalancha de juegos que fueron apareciendo año tras año. Pero el destino o la casualidad hizo que el otro día repasando el catálogo de juegos de una famosa tienda online, llamara mi atención un juego llamado Fae, del cual nunca había oído hablar. Sus druidas tan brillantes me parecieron irresistibles. Busqué información del juego, leí sus reglas, y me empezó a sonar muchísimo, hasta que caí en la cuenta de que este juego era el Clans, que surgía desde el pasado, con ganas apremiantes de venirse a casa. Efectivamente en el 2018 hicieron una reedición cambiándole totalmente la temática, parece ser que ahora los druidas y sus rituales molan más que los cavernícolas y sus chocillas. A parte de este cambio estético, las mecánicas del juego original las han respetado. Al principio de la partida cada territorio tiene un druida colocado al azar, estos se moverán a territorios aledaños, y cuando un territorio lleno de druidas se quede aislado (los terrenos de alrededor vacíos), se produce un ritual, y se puntúa, dependiendo que tipo de terreno sea, hay bonus o penalizaciones, y poco más.
Sencillo, directo, y con un AP de la leche. Ya que tienes que ocultar cuál es tu color a toda costa, pero tampoco puedes favorecer en exceso a los druidas rivales. Lo dicho abstenerse los que calculan todas las posibilidades, porque puede ser la muerte.
Su precio es algo elevado para lo que trae la caja, tablero, unas pocas cartas y los druidas (que molan un montón), pero no he podido resistirme. Lo suyo es que su editorial me lo hubieran facilitado para hacer la reseña, y decir que es un juegaken, y que hay que comprarlo y todas esas cosas que se suelen decir en las reseñas de hoy en día. Quizás para mi próxima aportación a "las mierders de Paco". Cuídense.