08/09/2025
Primero, entendamos qué significa esa palabra:
magia.
¿Por qué no llevar al mundo real lo que solo podemos soñar?
Algo empieza aquí, pero se transforma en otra cosa.
Las telas diáfanas en movimiento de Loïe Fuller
son un ejemplo viviente de eso:
la orquídea, el hada hermosa girando
y flotando en el aire,
como un sujeto hipnótico bajo un hechizo imaginario.
Mis brazos y sus extensiones, mis pinceles,
mueven el aire, hacen visible lo invisible.
En mi gesto, la pintura es danza;
en su danza, la seda se convierte en pintura viva.
El tiempo se invierte:
a veces guío yo al color,
a veces el color me guía a mí.
Proyectando imágenes en mi falda luminosa.
La luz puede tener una segunda narrativa,
secreta, invisible hasta que se refleja en el ojo,
misteriosa para mí,
como la liturgia del ocho de septiembre,
cuando la Natividad de María
resplandece también
en la Virgen de Fuentes,
patrona de mis raíces paternas,
y en la de Covadonga,
guardiana de aguas primordiales.
Ambas, “materia primera”,
que alumbra la creación y la renovación,
conectando el nacimiento simbólico
con las fuentes ancestrales.
Inventando alas,
convirtiendo mi propio cuerpo en axis,
con él surge Malvina Fiore,
que al mismo tiempo es jardín y gruta,
epifanía de una voz propia
y ofrenda a la belleza redentora,
la primera piedra de un templo íntimo,
hecho de símbolos y colores
y palabras que se atreven a nacer:
malvinafiore.com
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