27/08/2026
No podía suceder de otra manera. Era la “crónica de un concierto anunciado”. El Caravaca Powerpop estaba y está hecho para ellos. Que en este exquisito festival, que con tanto empeño y dedicación prepara su organización desde hace años de forma endiabladamente pasional, hiciesen acto de presencia los mallorquines Goodfellows, banda puntera del powerpop patrio, y alquimistas a fuego lento de piezas de orfebrería musical del género, era sólo cuestión de tiempo.
Y quizás, cual frutos recolectados del árbol en su punto, dejando pasar el tiempo necesario para alcanzar su madurez, uno y otro, festival y grupo, van a cruzar sus caminos en sus mejores momentos de apogeo y brillantez. Porque la octava edición del festival caravaqueño roza (¡qué demonios, la toca de pleno!) la perfección, con una extraordinaria conjunción de bandas clásicas americanas y australianas de la escena a quienes podremos volver a disfrutar junto a otras foráneas que son la sensación del momento en el panorama internacional de este mundo del pop de guitarras, esos jovenzuelos que están recuperando para nuestro oídos la esencia de los grandes de los sesenta actualizándolos al pop enérgico del género. Pero no solo de bandas de allende los mares vivirá el festival; el elenco de sobresaliente grupos nacionales, también de ayer y de hoy, de inmenso prestigio y calidad, que actuarán en los escenarios del evento no desmerecen para nada al resto de las que conforman el cartel. Al tiempo, los Goodfellows, una de estas últimas, llegan a este 2026 alcanzando una plenitud compositiva e interpretativa extraordinaria, tras haber pasado sus propios “periodos de introspección” en el tiempo, evolucionando sin prisas, mas sin perder su autenticidad y conformando un estilo propio en el que, sin salirse de muchos de los patrones que identifican al pop de guitarras poderosas, impregna sus canciones de una variedad de matices que les hace confluir con otros géneros, que les hacen sonar originales, recuperando influencias sixties o enriqueciéndose progresivamente con pinceladas de americana, por otro lado, o rozando el garaje más asilvestrado e incluso mimando en algunos de sus temas su gusto por el brit-pop.
La banda se formó allá por el año 1995 en Palma de Mallorca, tierra de la que han surgido algunas de las mejores bandas del powerpop nacional. Son más de tres décadas las que contemplan su ferviente pasión por facturar la canción de powerpop (incluso con el tiempo hasta diría de pop, sin más) perfecta. Treinta y un años donde se han empeñado en apuntalar y elevar a su máxima expresión, a base de enérgicos latigazos sonoros, un género nada fácil de practicar y en encandilar a un público nada de fácil de contentar, sumamente exigente, entendido, alejado de modas musicales pasajeras y vacías, y que, como los mismos Goodfellows, entienden el mismo como una religión que no admite cuestionamientos. Banda veterana de clásico, desenvuelto y dinámico pop de guitarras que ya se vislumbraba en sus dos primeros discos, “Feel the Pain” (1996) y “Get the Fellows” (1998). Desde un principio podíamos escuchar sus pildorazos adictivos, esas canciones frescas y directas en las que emulsionaban sus preciosas melodías con una energía desbordante, donde ya se empezaban a aparecer algunas de sus esencias musicales, cuales son la profusión de cuidadas armonías vocales, coros y segundas voces juguetonas, guitarras cristalinas y rabiosas y sección rítmica contundente. Es en estos primeros discos donde podemos encontrar engarces con algunos clásicos del powerpop, como Romantics y Raspberries, y alguna canción acelarada que les hacía incluso tangenciar con el punk pop.
Hablar de Goodfellows es hablar del mimo, la paciencia, el tesón, la meticulosidad, la devoción y convicción que ponen a todo aquello que hacen, especialmente si de lo relacionado con lo musical hablamos. Admirar ante tus ojos (teniendo entre tus manos) los soportes físicos que dan contenido a la trilogía compuesta por su “Happynitol”-“The Name of These Girls”-“Ten Bites” es tomar conciencia de ello y apreciar piezas que debieran ser expuestas en un museo para deleite de los amantes no ya sólo de las canciones, sino también de significadas obras de arte que las contienen. Una original caja de medicamentos alberga el “Happynitol” (2011), conteniendo diez grageas de powerpop revitalizante, además de un original y divertido prospecto donde se nos describen la posología, las propiedades, indicaciones de uso y efectos secundarios de la medicina musical que contiene. El cd interior, por cierto, a juego con su estuche y siguiendo la estética de su particular vademécum medicinal. Un bolsillo de pantalón vaquero con tela reciclada, con unas preciosas costuras rojas zurzidas sobre el tejido tejano y unas deliciosas etiquetas con el nombre del grupo y del disco, “The Name of These Girls,” que también aparece sobreimpreso en letras de color marfil sobre el textil, alberga otra colección de canciones que dejan poso, titilantes melodías contagiosas con energía desbordante. Y en el interior, un gran despegable con un mural con el título del disco y las canciones con sus letras en su reverso. Para terminar la tríada, y encumbrando ese minucioso empeño de los baleares por encandilarte, “Ten Bites” (2018) se presentaba de manera sencillamente única, espectacular. Una caja de cartón (pequeñita, de la medida de un cd, 12 cm.) de pizza, fabulosamente decorada en anverso y reverso con el título del disco, el nombre del grupo, su logotipo, canciones y diferentes sellos y los anagramas de las compañías que lo editaron. Y, de nuevo, en el interior de este cofre, otras dos preciosidades, la primera, el compact disc, que no es sino una pizza con sus diez porciones en forma de canciones de tamaño sonoro y sabor musical legendario, y la segunda, y, como en su trabajo anterior, otro desplegable adorable. Uno no puede dejar de recomendar, a quien acuda al festival a presenciar su concierto, y si no lo ha hecho aún, que se haga con cualquiera de estas tres piezas del coleccionismo pop universal que siempre guardará como oro en paño.
En estos discos los Goodfellows suben al escalón de las grandes bandas españolas no ya solo del powerpop, sino del pop o del pop rock en su máxima amplitud. Siguen con su potente pop guitarrero, claro, pero van incorporando elementos, instrumentaciones, estructuras musicales que los acercan a la americana, al pop que bebe de los manantiales de los sesenta, al garaje, al soul… Se hacen ahora maestros en el control del tempo de cada una de sus composiciones. Siguen haciendo canciones contagiosas, para disfrutar, con ese “Good Sound” fascinante, sin un segundo de relleno, sin una nota discordante, con esos estallidos de coros, esa explosión de guitarreos incesantes, y esa sección rítmica que te incita al baile sin cesar. Temas impecables los cojas por donde los cojas, siempre ejecutados con brillantez y entrega absoluta por los mallorquines para conseguir atraparte sin posibilidad de escapatoria alguna.
El pasado 2025 los Goodfellows publicaron su último trabajo hasta la fecha, “Love Themes Vol. I”. Es, sin duda, su mejor disco hasta la fecha. Siguen empeñados en el mismo en ofrecernos ese poderoso pop adictivo, ejecutado con precisión y maestría, con guitarreos constantes en lo rítmico unos y empeñados en la belleza otros en sus punteos y adornos, esas capas de voces que igualan a las que Twilley y Seymour hicieran en su día, incansables coros que ornamentan las melodías atemporales que conforman sus canciones. Sí, y si ello pudiera no resultar novedoso en el vasto terreno del powerpop, ¡qué carajo! para qué necesita serlo si la magia es que lo ejecuten con esa perfección, y esa pasión. Pero, es que, además, y siguiendo con la línea de madurez de anteriores trabajos encontramos en este disco (el de la portada de la cassette) auténticas reliquias musicales, trabajadas cual piedra preciosa tallada con esmero, en las que escuchamos pianos y teclados celestiales, instrumentaciones –lo del hammond es insuperable- que encandilan y grandes momentos vocales, melodías que bien podría haber creado Brian Wilson para los “Beach Boys” (muy palpables en “The name of these girls”, ¡vaya pedazo de canción!) y brillantísimos coros, y segundas voces contagiosas y pegadizas, cada vez mas trabajadas y compactadas…. Canciones como “Livin’ in summertime” que suponen un excelente momento de calidez, de se*******ad, de recogimiento, de llenarte los pulmones de aire renovador y el corazón de fuerza vital para que sus válvulas impulsen a todos tus tejidos esa emoción y se regeneren tus células en un episodio curativo sin igual y, de nuevo, de cero, te hagan reiniciar tu vida, ser inmensamente feliz, y mirar el mañana con esperanzas renovadas de alcanzar sueños no cumplidos y por qué no, de vivir en un mundo mejor.
Podríamos preguntamos qué repertorio interpretarán sobre el escenario, pero son tantas y tan buenas sus canciones que nos perderíamos en el intento. Sí me atrevo, sin embargo, a expresar unas cuantas pinceladas sobre qué intuyo podríamos escuchar (aunque no fuesen exactamente los temas que menciono), a la luz de lo que han publicado en sus discos:
Alguna canción de minutaje inferior a los tres minutos. En sus primeros discos la profusión de las mismas era nota característica. Ya se sabe, los mejores perfumes se contienen en pequeños frascos y lo bueno si breve, dos veces bueno….. “You know the secret we hide”, por ejemplo, con un comienzo donde el registro vocal de su cantante evoca al de los “Toad The Wet Sprocket”, con sus guitarras cristalinas, con punteos electrizantes, coros siempre bien colocados, o esos golpes de batería para ser acompañados con palmas (la parada de la canción al final para ello es soberbia).
Alguna canción de duración incluso inferior a los dos minutos. Podría ser bien en plano animado, bailongo, como la fantástica “Behind your smile”, con un ritmo soulero adorable, nuevamente esos coros “parapaperos” animosos y esas guitarras jangles que enamoran. O, quizás, y en plan mucho más recogido, “Times are never changing” con un piano sobrecogedor, imposible no sentir ganas de abrazar a tus seres queridos al escucharla.
Alguna canción con nombre de mujer. “Virginia”, con ese riff inicial poderoso, que recuerda al de los Billy Pilgrim en su “Sweet Louisiana Sound”, o Mary Anne, con unos primeros acordes que te insinúan la similitud con el “Y no ando nada mal” del “Isabel” de sus paisanos “La Granja”, o “Susanne” que fue uno de sus singles del “Happynitol” que atesora todas las bondades del grupo, y que, al que escribe, fue la canción que hizo convertir a los “Fellows” en banda de cabecera de su existencia vital.
Alguna canción que desde el principio arranca con esa impronta sixtie pop con sus “para pa pa pas”, en el estilo de los leoneses “Los Flechazos”, como pudiera ser “The keeper of your keys” que crece en intensidad rítmica conforme avanza y consigue que voces y guitarras formen una disolución inseparable e insuperable.
Alguna canción con matices de americana, como “Pictures from me and you”, donde las armónicas juguetean con guitarras y armonías vocales para conformar un bellísimo conjunto, o “I’ll be back to you”, todo un compendio de armónicas, guitarras punzantes, riff contagiosos que te aceleran el pulso y sus omnipotente supremacía vocal, que los hace tan especiales. También podría ser “A million miles away from your heart”, canción reposada, con un comienzo con guitarra acústica que eriza los pelos, precisos y preciosos punteos de la eléctrica y acompañamientos de vientos que resultan inmensamente placenteros.
Alguna canción de sonido más clásico, como podrían ser “Rocket Girl”, que en el disco contaba con la colaboración de Paul Collins y que suena mucho a “The Beat”, o “All i want”, muy “Romantics” en coros y guitarras. También “I love your way”, donde hacen guiños a The Pretenders o ese bajo juguetón de “Ready for love” a los “Blood & Roses” de “The Smithereens”. Por qué no, para los amantes de “The Kinks” sería una gozada escucharles en directo ese riff inicial de “Shaky Lucy” que tanto nos lleva al “All day or all night”
Alguna canción cantada en castellano, bien “Nada que objetar” con sus perennes guitarreos hialinos o “Si no estás”, con unas segundas voces que recuerdan mucho a los “Octubre”, nuevamente guitarras limpias y claras y toda la potencia y efusividad de los insulares.
Alguna versión, claro, siempre habituales en los directos. Y bien podrían hacerlo en plan “Tourists” revisando el “I only wanna be with you” de Dusty Springfield o esa acelarada versión del “Born to be alive” de Patrick Hernández que suena tan “Hermanos Dalton” cuando estos hacían con el “Pink Panther”, o marcarse la cover de los “The Cure” del “Let’s go to bed” o, por qué no, ese pedazo de vuelta de tuerca que le dan a la que es mi preferida, el “Love in the first degree” de Bananarama, que tan bien se traen al terreno del pop de guitarras poderosas.
Un momento de éxtasis, de esa locura desatada, que bien podría serlo el “Listen to your hearbeat”, tan garajera, explosiva, arrogante e insultantemente vital, con ese farfisa omnipresente y el continuo baquetear de esa batería….o, el “One good reason”, con ese titánico comienzo que genera entusiasmo, su entrega desbordante, guitarras que conversan con voces……o el “Good for me” que además de la tormenta musical que descarga tiene el acierto de pararse en el momento adecuado y explotar al final de manera orgiástica. O, vaya, si lo fuera “My kind of girlfriend” habría que cantarla con ellos rabiosamente y botarla sin parar….
No obstante, os aseguro que las que se me quedan por mencionar no desmerecerían a ninguna de las mentadas.
Biel Palmer (vocalista), Tomás Forns (guitarra y voces), David Cladera (guitarra y voces), Pepo Granero (guitarra y voces) y Miguel Gibert (batería) dejarán su impronta en Caravaca. Su powerpop rebelde pero elegante, sus guitarras al tiempo cristalinas al tiempo afiladas, sus acertadísimas y excelsas armonías vocales, sus juguetones coros vocales, sus ritmos intensos y endiablados y sus divinas melodías. El poder de unos estribillos alumbrados con exquisita pasión que se contagian por vía aérea a través de frecuencias sonoras emocionales para martillear tu cerebro y no poder dejar de cantarlos durante días, en el transcurso de los cuales alimentan con el recuerdo de su sonar tu felicidad y conducen su reverberar ad infinitum para que no se apaguen jamás.
¿Te los vas a perder?
Texto: Jomi Beat