16/02/2018
Una de las historias más populares para ser pintadas durante el Renacimiento, fue la de Leda y el cisne. Cuenta cómo el dios Zeus para seducir a esta reina de Esparta se transformó en cisne, y yació con ella. Esa misma noche además, tuvo relaciones con su marido, el rey Tindáreo. Como resultado puso dos huevos, del que nacieron cuatro niños: dos hijos de Zeus, y dos del rey. El porqué del éxito de esta historia, es por el sustrato erótico que escondía. Efectivamente, los pintores se afanaban en representar a Leda y el cisne enredados en pleno acto sexual. Salvo Leonardo da Vinci, que realizó varias composiciones del tema de insuperable belleza, que hemos perdido pero conservamos por copias de otros pintores o bocetos del propio pintor. Incluso nos ha llegado una descripción de 1625 que decía que representaba a Leda desnuda y de pie, con el cisne y dos huevos de cuyos cascarones salían los cuatro bebés. Resumiendo, podemos decir que da Vinci pintó el tema en al menos dos ocasiones, y que en una ocasión la representó agachada y en otra de pie.
Una de las más bella de estas copias de estilo libre, es la que está en la Galería Borghese de Roma, tan perfecta que durante mucho tiempo se pensó que era obra del propio Leonardo. Difiere del original en que sólo se representan a sus dos hijos varones (Cástor y Pólux). Leda está desnuda y de pie haciendo un pequeño giro tremendamente erótico. Es el único desnudo integral que conservamos en la obra del genio. Sostiene el cuello del cisne, largo y con evocaciones al falo masculino. Con razón en la época fue considerada una obra tremendamente sexual.