12/06/2026
Facetas de Mujer.
Una tarde donde el arte y la belleza compartieron conversación.
El pasado 10 de junio tuve el placer de asistir a Facetas de Mujer, la exposición de la pintora Elena Pokasanieva en el Casal de Barri Diaconal Mar. De esas muestras que no se limitan a colgar cuadros en una pared, sino que consiguen crear una atmósfera propia desde el primer paso.
La propuesta de Elena gira en torno a la mujer, pero sin caer en discursos previsibles. Sus obras exploran distintas emociones, miradas y etapas vitales con una combinación muy personal de sensibilidad y carácter. Hay retratos que atrapan por la intensidad de los ojos, composiciones donde el color parece contar una historia paralela y piezas en las que la delicadeza convive con una fuerza sorprendente. Cada cuadro parece invitar a una conversación distinta.
Uno de los aspectos más interesantes de la exposición es cómo la artista consigue presentar la feminidad desde múltiples perspectivas: elegante, serena, enigmática, vibrante. No hay una única mujer en estas paredes; hay muchas, y todas encuentran su espacio.
Y si el arte fue el protagonista, el público no se quedó atrás; la magia no estaba solo en los lienzos. La sala se llenó de mujeres radiantes, conversaciones inspiradoras y sonrisas que parecían prolongar la belleza de las obras más allá de sus marcos. Por momentos, daba la sensación de que algunas de las musas retratadas por Elena habían abandonado el cuadro para compartir la velada con nosotros.
Una tarde donde el arte, la belleza y la buena compañía encontraron el equilibrio perfecto.
Lo mejor de la tarde fue precisamente esa combinación entre arte y cercanía. Sin solemnidades innecesarias, la exposición logró algo que un artista siempre espera que suceda: que la gente se detuviera a mirar, comentar y disfrutar. Y eso, en tiempos de prisas, ya es un pequeño triunfo.
Facetas de Mujer deja una impresión agradable y duradera. Una muestra que celebra la sensibilidad, la personalidad y la diversidad de la mujer a través de la mirada de Elena Pokasanieva, recordándonos que las mejores obras son aquellas que siguen acompañándonos mucho después de abandonar la sala.
Por: Mario Gutiérrez.