28/11/2025
Hoy, en el Santuario de Caacupé, monseñor Gabriel Escobar ofreció una homilía que, aunque valiosa y cargada de verdad, no alcanzó la fuerza necesaria para sacudir la conciencia colectiva del pueblo paraguayo. Su llamado a “promover el bien común para una vida digna” fue claro, pero aún tímido frente a la magnitud del sufrimiento que atraviesa nuestra gente.
La Iglesia, como institución que representa la voz de Dios en la tierra, no puede limitarse a denunciar con mesura cuando el pueblo está siendo hambreado, despojado de salud, educación y seguridad. Estos son pilares fundamentales que Dios quiere para su pueblo, y cuando un gobierno los pisotea, la Iglesia tiene no solo el derecho, sino el deber moral de alzar la voz con firmeza. Tiene el poder de convocar, de movilizar, de encender la llama de la justicia. Y sí, tiene el poder de derrocar, no con violencia, sino con verdad, con fe, con la fuerza de una ciudadanía despierta.
No se trata de política partidaria, sino de ética cristiana. Cuando los gobernantes se convierten en verdugos del pueblo, cuando ocupan cargos sin preparación, reparten tierras entre manguruyuses y permiten que la inseguridad y la ignorancia se multipliquen, la Iglesia debe decirlo sin rodeos: no podemos seguir votando a quienes nos condenan.
La homilía de hoy fue un paso, pero necesitamos un salto. Que Caacupé no sea solo un lugar de peregrinación, sino también de transformación. Que la fe no se quede en promesas, sino que se convierta en acción. Que los altares no solo reciban oraciones, sino también compromisos.
La Iglesia puede y debe pedir al pueblo que no repita los mismos errores. Que no vuelva a entregar su voto a quienes lo traicionan. Que no se conforme con discursos vacíos, sino que exija coherencia entre palabra y obra. Porque Dios no quiere pueblos sometidos, quiere pueblos libres, dignos, conscientes.
Hoy, más que nunca, necesitamos una Iglesia profética, valiente, que no tema incomodar. Porque el silencio, cuando hay injusticia, también es pecado. Y porque abrir los ojos del pueblo no es una opción: es una urgencia.