15/05/2025
Así fue el vermutazo con danza… el grupo desciende hacia La Tramunte Taberna, un rincón acogedor del pueblo. Allí continúa el encuentro en un ambiente distendido, con vermut, tapas y el eco aún vivo del movimiento. Pero lo que sigue no es simplemente una charla: el colectivo decide hablar de danza también con el cuerpo, y no solamente con palabras.
En lugar de quedarse en un solo sitio, las artistas recorren el pueblo, ocupando sus espacios públicos como escenarios: el antiguo lavadero, el puente sobre el río, la plaza del ayuntamiento, un árbol centenario, hasta llegar a la puerta de la taberna. Saltan, caminan, bailan, dibujan trayectorias corporales en el paisaje urbano y natural. Cartografían con el cuerpo la geografía del pueblo, alterando con sutileza su ritmo cotidiano. Poco a poco, los cuerpos dispersos se van encontrando, se acercan, se convocan, generando un pulso común.
Las vecinas y vecinos se ven atraídos hasta reunirse todos en la puerta de la taberna.
Una vez dentro, la escena se transforma: los bailarines están repartidos por distintos rincones del lugar —algunos en esquinas altas, otros semiocultos— mientras la música suena. Pero entonces, los cuerpos hacen una gran pausa. En ese silencio del movimiento, las personas del público se dan cuenta: ahora somos nosotras las que nos estamos moviendo. La danza nos ha contagiado.
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