01/09/2026
La organización cultural Pueblo Maho se manifiesta contrario a la demolición de las chozas que durante largo tiempo han servido de apoyo a las familias de la isla para el aprovechamiento de los recursos marinos.
Antes de que la población insular fuera expulsada de la costa para dar cabida a la infrastructura turística, el litoral se jalonaba de chozas en las que las familias pasaban parte del verano, aprovisionándose de alimentos con los que diversificar y completar la dieta. Se trataba de estancias que, además de la finalidad económica, era también lúdica, de ocio, de colaboración y familiar. La costa se llenaba de vida, de familias que de nuevo se encontraban y reforzaban sus lazos sociales, a la vez que vivían una atmósfera de cuidados, de intercambio de enseñanzas, saberes, cuentos o juegos que favorecían los vínculos. Estos cambios estivales forman parte de la cosmovisión sobre la vida y se remontan a la época indígena, formando parte de los saberes propios integrados en el Patrimonio Inmaterial de Lanzarote.
De forma paulatina o súbita, las medidas administrativas adoptadas han ido mermando las posibilidades de este disfrute: no se volvió a acampar en El Cable ni en Caletón Blanco, se levantó el Muro de la Vergüenza en La Tiñosa para que, quienes venían -y siguen llegando cada vez más- no conocieran nuestra forma de vida ni nuestras necesidades.
Una vez ocupada la costa, se adentraron en el campo y ahora ya se instalan en las localidades más pobladas, saturando las vías, los depósito de basura, los parques de cemento o las guaguas.
Un enjambre de leyes determinan que el mar litoral y sus playas pertenece al dominio nacional; desde 1866 con la Ley de Aguas, seguida de la de Puertos de 1880, la de Costas de 1969, la Constitución de 1978 o la de Costas de 1988 con su reforma de 2013, inciden en este particular detalle de la propiedad de la franja, aclarando cuándo se pierde la propiedad y pasa a la concesión con derecho a la ocupación, entre otros muchos detalles, los mismos que le corresponde a otras tantas edificaciones hoteleras, como el Papagayo Arenas, que hoy se hace llamar Sandos Papagayo Beach Resort.
Las chozas de la costa de Mala y Órzola no impiden el paso por tierra ni el acceso al mar, ni se construyeron sobre un vial público ni en un paseo por el que se accedía al mar. Las chozas no disponen de licencia nula y sin efecto desde 2007, ni superan los límites de altura y edificabilidad permitidos cuando las familias construyeron cada una de ellas. Todas estas ilegalidades que no afectan a las chozas, sí le incumben al hotel citado.
La Dirección General de Costas aprobó el nuevo deslinde marítimo-terrestre en el Plan Parcial de Las Coloradas por lo que casi toda la estructura de este hotel está afectada, y el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) y diversos autos más han ordenado su demolición, pero el derribo no se ha ejecutado.
A estas diferencias entre las chozas y el hotel, se añaden tres más:
1. Mientras el Cabildo no protege los valores patrimoniales que atesoran las chozas tradicionales de la isla, al ex Papagayo Arenas le concede la autorización turística provisional para garantizar su permanencia y no lo derriben como las chozas.
2. Mientras Costas demuele las chozas, al hotel le autorizó la apertura de dos nuevos accesos peatonales alternativos hacia el litoral, en contra de Costas del Estado.
3. El hotel es un mamotreto de cemento y hormigón empapelado con derivados de petróleo; las chozas son de piedra y definidas por la Academia de la Lengua como “vivienda pobre […] cubierta de ramas o paja, utilizada normalmente por pastores o gente del campo”. También la Academia excluye a la gente de la mar.
Igualmente, la casa-palacio La Mareta, con casi 2.000 m2 construidos y no a muchos kilómetros de distancia donde las máquinas atentaron contra la memoria del mar, ocupa parcialmente ocupa suelo estatal no urbanizable, si bien no se olvidaron de dotarla de naturaleza jurídica especial.
Existe disimetría administrativa: mientras Costas utiliza palas y guardias para borrar de la isla las chozas en las que las familias hacían uso de los recursos marinos; y el Cabildo de Lanzarote no salvaguarda los elementos que han articulado la vida dúplice, la que agrega y suplementa la alimentación adaptada al paladar insular, al ilegal ex Papagayo Arenas le garantizan que sigan facturando.
La asociación Pueblo Maho denuncia la diferencia de tratamiento que Costas y Cabildo Insular les dispensa a las chozas de la costa de Mala -quienes reciben órdenes de derribo- y a otros centros hoteleros, como el Gran Meliá Salinas o la multitud de terrazas, jardines o piscinas colectivas que ocupan franja de Dominio Público y siguen facturando.
La desprotección del patrimonio asociado al mar garantiza el empobrecimiento histórico y adelgaza el recuerdo patrimonial hasta su total pérdida.