18/03/2026
El color ROJO, junto con el blanco y el negro, nos ha acompañado a los seres humanos desde el principio de los tiempos.
Estaba presente en la sangre —tanto la nuestra como la de los animales que cazábamos—, en los frutos que comíamos, en las flores del campo o en la tierra que escarbábamos. Y, aunque hemos utilizado muchas palabras para nombrarlo —bermejo, colorado, grana, etc.—, siempre ha sido un color que nos lleva a pensar en poder, fuerza, atracción o prohibición, pero que también nos evoca el amor, la pasión e incluso la buena suerte.
Estos días los hemos dedicado, en el taller, a conocerlo mejor.
Nos hemos manchado las manos recogiendo cochinillas de las pencas del nopal, paseado por la alfombra de Clitemnestra, pisado raíces que tiñen pantalones y descubierto el rojo tóxico que surgió de la pelea entre elefantes y dragones y que acabó tiñendo todo el Imperio Romano.
Además, hemos aprendido la receta clásica para crear nuestra propia acuarela con pigmento bermellón. Lo hemos hecho elaborando el aglutinante al estilo renacentista, siguiendo los pasos en el pequeño laboratorio portátil que hemos montado en el taller.
Y todo, aprendiendo sin dejar de disfrutar ni un ápice.