16/08/2026
𝗔𝗟𝗕𝗨𝗥𝗤𝗨𝗘𝗥𝗤𝗨𝗘 𝗩𝗨𝗘𝗟𝗩𝗘 𝗔 𝗛𝗔𝗖𝗘𝗥 𝗛𝗜𝗦𝗧𝗢𝗥𝗜𝗔. 𝗘𝗟 𝗙𝗘𝗦𝗧𝗜𝗩𝗔𝗟 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗘𝗩𝗔𝗟 𝗖𝗜𝗘𝗥𝗥𝗔 𝗦𝗨 𝗫𝗫𝗫𝗜 𝗘𝗗𝗜𝗖𝗜𝗢́𝗡 𝗖𝗢𝗠𝗢 𝗠𝗢𝗧𝗢𝗥 𝗦𝗢𝗖𝗜𝗔𝗟, 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟, 𝗧𝗨𝗥𝗜́𝗦𝗧𝗜𝗖𝗢 𝗬 𝗘𝗖𝗢𝗡𝗢́𝗠𝗜𝗖𝗢
Alburquerque ha cerrado una nueva edición de su Festival Medieval, una celebración que, después de más de tres décadas, ha demostrado una vez más que está muy lejos de ser uno de los muchos mercados medievales que se organizan actualmente por toda España.
Durante estos días, el entorno del Castillo de Luna ha vuelto a convertirse en el escenario de una fiesta popular en la que los auténticos protagonistas son los propios alburquerqueños y alburquerqueñas. Teatro, música, danzas, torneos, bodas, pasacalles, casas de ambientación, mercado, mesones y recreaciones históricas han llenado las calles intramuros, pero todo ello forma parte de algo mucho mayor: la transformación de todo un pueblo.
Y ahí está precisamente la principal diferencia del Festival Medieval 'Villa de Alburquerque'.
No se trata de montar durante un fin de semana un mercado con puestos de artesanía, comida y espectáculos contratados. Es una fiesta construida durante meses por cientos y cientos de vecinos, que participan como actores, músicos, artesanos, mesoneros, figurantes, organizadores y colaboradores. Muchos confeccionan sus propios trajes y decorados, ensayan durante semanas y trabajan de forma desinteresada para que la localidad pueda regresar, durante unos días, al siglo XV.
La participación ciudadana -destacable el relevo generacional que experimenta en cada edición- es una de las grandes señas de identidad de esta celebración.
Ese carácter popular explica buena parte de su éxito. El Festival Medieval es una fiesta hecha por el pueblo y para el pueblo, aunque cada año atraiga también a miles de visitantes. Durante estas fechas, Alburquerque duplica su población, mientras que la participación vecinal ha llegado a situarse en torno a 900 personas.
Un pueblo convertido en escenario
La ###I edición ha mantenido los grandes elementos que han convertido al Medieval en una de las recreaciones históricas más consolidadas de Extremadura. El barrio medieval Villa Adentro y el Castillo de Luna han vuelto a ser el escenario de una recreación en torno a la figura de Beltrán de la Cueva, primer Duque de Alburquerque, y la entrega de las llaves de la villa por Enrique IV en 1464.
La programación ha incluido más de una treintena de actividades, con teatro, música, danzas, pasacalles, torneos y distintas representaciones. También ha habido novedades, como el Castillo del Buen Llantar o la obra Codes Conventus, además de cambios en la distribución de algunos espacios.
Uno de los momentos destacados ha sido, además, la recuperación de espacios del Castillo de Luna, que vuelve a ocupar el lugar central que le corresponde en una fiesta que difícilmente podría entenderse sin su principal monumento.
Mucho más que un mercado medieval
Precisamente por eso resulta importante diferenciar el Festival Medieval de Alburquerque de los numerosos mercados medievales que se celebran actualmente por toda España.
En muchos de ellos, el mercado constituye el elemento principal y la ambientación sirve como complemento. En Alburquerque ocurre prácticamente lo contrario: el mercado es una pieza más dentro de una recreación mucho más amplia.
Aquí el visitante no encuentra solamente puestos y espectáculos. Encuentra un barrio histórico real, un castillo, calles, plazas, casas decoradas y, sobre todo, a los habitantes de la localidad interpretando y recreando su propia historia.
El resultado es una experiencia colectiva en la que los propios vecinos se convierten en auténticos artífices y protagonistas de lo que sucede durante estos días.
Por eso nuestro Medieval tiene algo difícil de imitar: no es una fiesta que se instala en el pueblo, sino una fiesta que sale del propio pueblo.
El patrimonio como protagonista
Otro de los grandes valores de la celebración es que pone en valor el patrimonio de Alburquerque.
El Festival no utiliza el patrimonio simplemente como telón de fondo, sino que lo convierte en parte fundamental de la experiencia. El Castillo de Luna, el barrio medieval, las calles y los diferentes espacios históricos recuperan durante estos días su protagonismo y permiten que vecinos y visitantes conozcan el patrimonio local de una manera diferente.
La propia Junta de Extremadura ha destacado entre los objetivos del festival «la promoción del patrimonio histórico, la revalorización del conjunto monumental y la difusión de las costumbres y formas de vida vinculadas a la historia de Alburquerque».
Además, la recreación de las culturas cristiana, judía y musulmana aporta una dimensión cultural que va más allá del espectáculo y recuerda el pasado multicultural de la villa.
Así, durante unos días, el patrimonio deja de ser algo que simplemente se contempla para convertirse en algo que se vive.
Un motor para la economía local
Pero el Medieval no solo genera actividad cultural y turística. También supone uno de los momentos de mayor movimiento económico del año para Alburquerque.
La llegada de miles de visitantes tiene un efecto directo sobre bares, restaurantes, alojamientos, comercios, establecimientos de alimentación, artesanos y otros negocios y servicios locales. Durante los días del festival, la localidad multiplica su actividad y el consumo se extiende por buena parte del municipio.
El beneficio económico tampoco se limita a los días concretos de celebración. El Medieval funciona como un escaparate para Alburquerque, muchos de quienes llegan por primera vez atraídos por la fiesta descubren también el Castillo de Luna, la Villa Adentro y el resto del conjunto histórico de la localidad, lo que puede favorecer nuevas visitas durante el resto del año.
Los datos de años anteriores permiten entender esa capacidad de atracción. En 2025, el Castillo de Luna recibió más de 13.000 visitantes a lo largo del año, mientras que el mes de agosto registró una de las mayores afluencias, coincidiendo con la celebración del Festival Medieval. La Oficina de Turismo también contabilizó cientos de personas atendidas específicamente durante los días de la fiesta.
A falta de conocer el balance definitivo de esta ###I edición, resulta evidente que el festival representa una importante inyección de actividad para un municipio cuyo sector turístico y hostelero encuentra en estas jornadas uno de sus principales momentos del año.
Y existe además otro valor económico menos visible: la propia fiesta moviliza recursos, trabajo y talento local. Los vecinos confeccionan vestuario, decoran viviendas, preparan espacios, participan en representaciones y colaboran en la organización. Una parte importante de la riqueza del festival nace, por tanto, dentro del propio municipio.
Una fiesta que pertenece a todos
Después de 31 ediciones, quizá la mayor fortaleza del Festival Medieval sea precisamente esa sensación de pertenencia.
La fiesta no pertenece únicamente al Ayuntamiento, ni a la comisión organizadora coordinada por la Upal, ni a los grupos que participan en las representaciones o quienes lo festejan al margen de la programación oficial. Pertenece a Alburquerque.
La hacen los niños, los jóvenes, los mayores, las familias, los comerciantes, las asociaciones y todos aquellos vecinos que, de una manera u otra, colaboran para que durante unos días la localidad vuelva a ser aquella villa medieval.
Ese esfuerzo colectivo es lo que ha permitido que el festival se mantenga durante más de tres décadas y que continúe siendo una de las fiestas más populares y multitudinarias de la zona.
Porque detrás de cada traje, cada casa decorada, cada representación, cada pasacalles y cada acto, hay muchas horas de trabajo que no siempre se ve y reconoce.
El reto de seguir creciendo
La ###I edición deja, por tanto, un balance positivo y también un reto para el futuro: continuar creciendo sin perder aquello que hace diferente al Medieval.
El objetivo de alcanzar la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional aparece ya entre las metas vinculadas al festival.
Para conseguirlo será necesario seguir potenciando precisamente sus principales valores: la participación ciudadana, la singularidad de la recreación, la conservación y difusión del patrimonio, la calidad de la programación, la repercusión turística y la capacidad de generar actividad económica.
Pero, sobre todo, será necesario conservar su esencia.
Porque el Festival Medieval Villa de Alburquerque no necesita parecerse a los demás. Su mayor virtud es precisamente que no es un mercado medieval más, como ya hemos señalado.
Es una fiesta popular, histórica y cultural en la que un pueblo entero se convierte en protagonista; una celebración construida por cientos de vecinos que durante unos días ponen su tiempo, su trabajo y su ilusión al servicio de una historia que también forma parte de su propia identidad.
Y ahora que las calles vuelven a recuperar la normalidad, los decorados se desmontan y los personajes regresan a sus vidas cotidianas, queda algo mucho más importante que tres jornadas de fiesta, queda la certeza de que el patrimonio de Alburquerque sigue vivo porque sus propios vecinos se encargan de mantenerlo vivo.
Y queda también la evidencia de que, durante unos días, Alburquerque no solo recupera su historia, genera actividad, atrae visitantes, dinamiza sus negocios y proyecta el nombre de la localidad mucho más allá de sus murallas.
Ese es, probablemente, el verdadero secreto de nuestro Medieval.
¡Enhorabuena, Alburquerque!