09/03/2024
Debe haber sido las 3 de la mañana del día de esta semana que ya no recuerdo. Llego a mi sueño después de mucho tiempo, hacerme acuerdo que no existe la muerte sino el olvido, que se puede morir de muchas formas aun estando en vida, que nunca me olvide de no salirme del camino, de cuidar a nuestra sangre.
Y como olvidar los días en los que sí me salía del camino, de guambra pata caliente enfilaba algún bosque o quebrada con alguno de los amigotes para luego llegar como perro con la cola entre las piernas, esperando el castigo que ya sabía me esperaba. Mi María no decía las cosas dos veces y no mediaban palabras y con lo que había a la mano caía el castigo ya que el cinturón del padre no había en semanas a veces en meses por su trabajo como militar. Esa escena siempre terminaba abrazado a sus piernas pidiendo perdón y ella acariciando mis cabellos mientras sentía caer sus lágrimas de dolor compartido en mi cabeza, siempre protectora a pesar de su carácter recio, buena cocinera como ninguna, siempre con una sonrisa en su rostro, católica de hueso colorado que hacía planes para que me haga sacerdote, cosa que no hubiera sido buena idea creo yo. Con ella esperábamos a mi padre Francisco llegar cuando el trabajo se lo permitía, en la puerta de calle, de pie, sentados a rato dormitando en su regazo, hasta que veíamos aparecer su uniforme de tricot en la esquina calzado sus botas de montar y siempre halando una maleta con higos confitados, pollo asado o cualquier cosa que nos hiciera saltar de alegría a mi hermana y a mí; a pesar de la distancia, siempre le esperaba como si fuera la primera vez que lo veía y cuando se jubiló parecía que todo sería perfecto, pero no, casi inmediatamente cayó enferma y las cosas se complicaron, médicos, hospitales, tratamientos, nada funcionó. Un 9 de marzo hace 44 años atrás el cáncer se llevó el cuerpo de mi María, pero su alma se hizo pedacitos que a veces brillan en mi Amelia y mi Tamia, en mi sobrina Erika, en Co**ha y Elsa mis hermanas, las mujeres de mi casa, las mujeres de mi sangre y de mi miel. Y claro que no hay olvido, que nunca habrá, que es un hasta luego un poco largo, pero que hay reencuentro algún día en algún espacio que aún no entendemos.
Escribiendo para no olvidar, para seguir en pie un round más!