23/05/2026
ENTRE BARBEROS, CIRUJANOS, BARCHILONES APARECIÓ UNA NUEVA GENERACIÓN DE MÉDICOS EN RIOBAMBA. Tercera parte
Por: Dr. Gonzalo E. Bonilla P.
En las dos reseñas anteriores hemos mencionado acerca de la evolución ocurrida en la atención sanitaria, especialmente por médicos durante el siglo XIX en nuestra ciudad. La Riobamba de entonces estaba en crecimiento, se había trasladado totalmente a su nueva ubicación en los albores del siglo decimonónico. Poco a poco aparecieron modestas edificaciones que fueron ampliándose con el pasar del tiempo. Trazada como estuvo la ciudad y aprobada por las autoridades de la Real Audiencia de Quito, los sobrevivientes del fatídico terremoto ocuparon los solares donde establecerían sus nuevos hogares. Los conventos, las iglesias y las edificaciones públicas fueron progresivamente levantados, aunque cada uno a su ritmo o nivel de necesidad. Esto ocurrió con el hospital de la ciudad, que no se edificó inmediatamente, pues al parecer no era una necesidad apremiante tenerlo en funcionamiento además del alto costo en mantenerlo funcionando.
La población enferma hacía uso de lo que tenía a mano para curarse: agentes de medicina tradicional, barberos, que no en pocas ocasiones cumplían las funciones de cirujanos realizando sangrías, extracciones dentales, una que otra amputación y alguna curación que podían resolver. Cuando ya existió un hospital en Riobamba, el cuidado directo a los pacientes ingresados lo hacían estos empíricos mencionados y los denominados barchilones o barchilonas, personas que cumplían funciones de limpieza y como asistentes de enfermería. Los escasísimos médicos que ejercían en la ciudad no acudían al hospital, ellos asistían a los enfermos en sus domicilios, bajo una modalidad de médicos de familia, además que, sus visitas domiciliarias se enfocaban a familias que podían costear sus honorarios. En el caso de los hospitales, allí se atendía a pobres y menesterosos, que no tenían posibilidades de costear la consulta médica.
La profesión médica fue poco valorada en la época colonial. A los jóvenes no les interesaba estudiar medicina por los altos costos que conllevaba, los complicados requisitos a cumplir para el ingreso a la universidad y porque no ofrecía un futuro prometedor, como si lo hacía la abogacía o el sacerdocio. La situación cambió en la segunda mitad del siglo XIX. La profesión médica se revalorizó con la revolución científica y el acceso a nueva tecnología y tratamientos. Había más médicos, ahora propios de la ciudad, que retornaban a ejercer en Riobamba y que progresivamente empezaron a ocupar mayores espacios en la función pública. Como lo relata el Dr. Virgilio Paredes Borja en su Historia de la Medicina en el Ecuador, «El médico de familia era más que médico, un íntimo, como un familiar, al que todo se le contaba y consultaba; situación privilegiada que ayudaba a conocer los achaques físicos y maneras de ser de sus clientes»
«A caballo antes de los liberales, en coche desde inicios del siglo XX, «el médico de fama, muy serio y estirado, de levita sombrero de copa, zapatos de charol y bastón de puño de oro, salía de su casa recibiendo los respetuosos saludos del vecindario; montaba su caballo o subía al coche y se pasaba visitando a sus enfermos, por categorías sociales, hasta el mediodía». La confianza y el respeto hacía el médico se consolidó notablemente, aunque en algunos casos el ego profesional también.
Al respecto, el Dr. Juan Vacacela Gallegos en su publicación, «Riobamba y sus Médicos», da cuenta del Dr. Juan Cevallos, quien a finales del siglo XIX realizaba las visitas domiciliarias a sus enfermos desplazándose por las calles riobambeñas en un magnífico caballo, lo que seguramente generaba mayor admiración y respeto a este importante galeno y a la profesión médica en general.
¿Será por ello, que en el imaginario popular quedaron grabadas imágenes que se transmiten de generación en generación, estimando que, estudiar medicina y luego ejercer esta profesión asegura estatus y una estabilidad económica futura?
Continuará …
Fotografía del Hospital de Riobamba (1909), ubicado en las calles: Espejo y Villarroel (actual colegio «San Vicente de Paúl»). Imagen tomada de: Guía Comercial Agrícola e Industrial de la República, 1909.
Fuentes: Vacacela Gallegos, Juan. Riobamba y sus Médicos. Casa de la Cultura «Benjamín Carrión», Núcleo de Chimborazo, 1990.
Paredes Borja, Virgilio. Historia de la Medicina en el Ecuador. Tomo II. Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1963.