17/11/2025
MI BÚSQUEDA DEL GRIAL
PERONIC, EL TROVADOR SOLAR
HOMBRE, ¿QUIÉN ERES? ©
“En esta encrucijada de la Búsqueda,
Hombre, hermano mío, te planteo La cuestión:
¿quién eres?
Pero, antes de responderme, has de saber que yo no soy más que un ser de carne, como tú; que canta y llora, como tú; que puede dar su sangre, como tú; y también cometer errores, como tú,
o desbordar de amor, como tú, para irse al fin, como tú,
corrompido no sé a dónde, como tú.
Pues bien, a pesar de esto, a pesar de los errores, las miserias, las injusticias, las calumnias, los lutos; a pesar de los éxitos, el dinero, las lisonjas, los fáciles amores, el orgullo, a pesar de la necesidad infernal inherente a la evolución de la materia, mi corazón ha permanecido puro, mi fe se ha multiplicado
¡porque “yo creo”!
Creo en el alma inmortal, impalpable y, por tanto, concreta (*) gota de vida caída del seno de la unidad.
El alma, agua ardiente donde se baña, se nutre y crece mi feto, que nacerá, liberado, a la vida divina, cuando después de múltiples existencias sucesivas y simultáneas, en este planeta y en otros,
su alquimia habrá terminado al fin, como en el noveno mes se cumple la gestación del niño en su madre.
Si mi corazón ha permanecido puro, si mi fe se ha multiplicado,
es porque yo creo en el espíritu. El espíritu, hermano mayor del alma, ángel guardián que la inspira, la conduce, la protege, en la medida en que el instinto animal se somete a esta tutela espiritual.
Sí, yo creo en el espíritu, chispa y fuego secreto, antena y vibración captando el Verbo emanado del Incognoscible.
El Verbo, esta onda creadora llevada de esfera en esfera hasta nuestro mundo sensible por las jerarquías cósmicas.
Cuerpo, alma, espíritu, hombre; esta arquitectura sagrada de tu edificio está concebida, fundada, realizada para, por sobre y según la ley divina, geométrica, matemática, inviolable, que rige tu arquetipo, modelo absoluto: el adán cósmico.
Pero el mecanismo energético que dinamiza esta arquitectura
él mismo está sometido a la ley de dualidad, síntesis compleja del libre-arbitrio y de la predestinación en Dios de cada ser creado.
Es decir que tu libertad, hombre, consiste, en todo y por todo,
en decir sí al determinismo ineluctable inscrito desde el comienzo,
y, conformando el proceso de creación suscitado por el Padre de los Universos, él mismo surge del Ser de Seres.
Por consiguiente, tu libertad consiste en decir sí, alegremente, a todo lo que Dios quiere, para la evolución solar de su creación,
¡sin que por ello seas lesionado en tu dignidad de hombre!
Este todo, esta voluntad divina, pasa por tu prisma perfectible, egoísta y orgulloso.
¡Pero, para comprender esto, te es precisa la fe!
Una fe inmutable y serena; el que no tiene la fortuna de poseerla no es más que un pobre hombre, un débil que, en lugar de tener el valor de dominar la materia, es su esclavo, cediendo al hechizo fascinante de su cualidad tangible, con la convicción ilusoria de dominarla.
Si tú eres este hombre, tú eres antirreligioso, extra-científico, y confundes, de una parte, la verdad crístIca con esas cosas que no son más que un muro; y, de otra parte, el amor universal con esta ciencia incompleta de los hombres que no es más que un mecanismo sujeto a modificaciones.
Es como si quisieras comparar a dos hombres:
uno, creado por Dios, por mediación de la pareja, el hombre y la mujer, por consiguiente, a Su imagen; y el otro, facticio, fabricado mecánicamente, de alguna manera un robot, una caricatura del hombre verdadero, y que tendría en lugar de corazón sólo un resorte.
¡Yo te conjuro, hermano, que no seas como este hombre!
¡Piensa que, si tienes derechos, también –y sobre todo-, tienes deberes!
El primero de ellos resume a todos los demás: esto es el deber de amar, sin tregua ni cálculo, mejor y más, a cada segundo de tu existencia.
Amar con todas tus entrañas, amar con toda tu alma, amar con todo tu espíritu. A fin de cuentas, hombre, Hermano mío,
¿QUIEN ERES?
Yo, y yo no soy más que un signo de interrogación.
PERONIC
Fr+ Sir Commenius