27/03/2026
Este concepto, titulado “La Arquitectura de la Agonía”, postula que el monstruo interior no es un invasor externo, sino una creación propia a la que otorgamos dimensiones colosales mediante la rumiación del trauma y la culpa. La escultura ilustra este proceso a través de una figura postrada que sacrifica su propia vitalidad para gestar proyecciones monstruosas en su espalda, transformando el miedo en una estructura monumental. Al final, la obra actúa como un espejo de nuestra responsabilidad psicológica: el bloque patinado y la mano sangrante simbolizan cómo elevamos nuestro dolor a un pedestal, alimentando con nuestra propia esencia a un ser que termina por aplastarnos con el peso y la escala que nosotros mismos le permitimos alcanzar.