Salvador creó la agrupación de danza Muyacan (MYC) en la ciudad de Ibarra. Su nombre es la unión de tres palabras kichwa: Muyundi, Yahuar, Canchi que significa Círculo de sangre somos; casi medio siglo ha transcurrido y varias generaciones son parte de esta historia. La vinculación de este grupo con el Centro de Formación Dancística e Investigaciones Teatrales en Quito (1984), generó una organizac
ión y sistematización del arte danzario como representación de la sociedad (indígena, mestizo y afro). Entre 1984 y 1997 su escenario principal fue la ciudad de Quito, sin embargo, esta agrupación es conocida en todo el territorio ecuatoriano y latinoamericano como un referente del teatro del baile y etnocoreografía, alternativa, entre una narrativa danzada de cambio reivindicativo, discursiva y contestataria. Las experiencias del Muyacan se reafirman en la etnocoreografía contemporánea, sus trabajos son una muestra de la diversidad existente en temas de la región andina del antiguo Tahuantinsuyo, donde aún existen vestigios de numerosos rituales. Las coreografías de esta agrupación se basaron en estudios de la danzalidad de las culturas regionales. Entre otras, las más conocida son:
Bailes kichwas (1984), Pactara (1993), Yacuyangana (2006), Taky Onkoy (2007), Puka Runa (2009), Al Airito (2010), Pacha (2012), Cantuña (2013), Equinocciales (2014)
Está agrupación rompe el discurso del folklore, que ha venido colonizando el imaginario colectivo e individual desde los años sesenta, y propone un lenguaje dancístico que nace del contexto histórico del cuerpo andino, (antropológico, social, cultural), que ha servido para redefinir el sentido corporal, temporal y espacial de la danza andina, como representación escénica de la cultura ecuatoriana. Paco Salvador manifiesta que, la etnocoreografía se entiende desde el cuerpo de los bailarines y actores del (MYC), como un despertar a la innovación que recrea lo original, realizada para expresar -comunicar-, visiones sensibles del mundo andino pluriétnico, conectada con las emociones, los sentimientos, las pasiones del ser humano, para contar una historia, con una estética de la región. Esta opción es necesaria para que los etnógrafos y artistas interesados en los cambios culturales y sociales contemporáneos, presten atención a lo cotidiano, en el conocimiento, lo característico de las comunidades y grupos sociales actuales. En la etnocoreografía las danzas se las trata, buscando maneras de desespectaculizarlas, o deshiperbolizar las diferencias, descolonizando el show, para reconfigurar la memoria en configuraciones actuales y de futuro, que habiten un Abya Yala más humano. Las fuentes históricas dieron acceso a un despertar de sensibilidad, aprehensión y pertenencia al pasado, que sirvieron de motivaciones para releer y escenificar el mundo andino. Generando el trabajo colaborativo con y para grupos, danzantes, audiencias y públicos populares; permitiendo nuevas formas de crecimiento y recuperación de la memoria escénica andina, de integración, de sentimiento de las relaciones antiguas y del tiempo profundo encarnado en el cuerpo y la memoria.